Tiroiditis.





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Tiroiditis (inflamación del tiroides normal) y estrumitis (inflamación de un bocio simple).  Probablemente las tiroiditis son raras y muchas de las que pasan por tales son estrumitis que asientan en nódulos tiroideos pequeños, no diagnosticados. Son mucho más frecuentes de lo que se dice. Estos estados inflamatorios pueden dividirse en agudos y crónicos.

     A) Tiroiditis y estrumitis aguda. Son las más frecuentes e interesantes. Acaecen, generalmente, en bocios antiguos, y se caracterizan por aumento súbito del tamaño de la glándula, con fiebre (a veces muy discreta), adenopatías, dolor local y espontáneo, irradiado a la oreja. En algunos casos hay reblandecimiento ulterior, con formación de un absceso y fistulización. Generalmente, se encuentran focos sépticos cercanos (amigdalitis, sepsis dentaria, sinusitis craneofaciales); e incluso focos sépticos intratorácicos (pleuresías, bronquiectasias, etcétera), cuya inflamación es responsable de la tiroiditis.

     La inflamación puede coincidir también con las crisis genitales, sobre todo la menopausia; esta última influencia es tan importante, que puede hablarse de una estrumitis menopáusica o climatérica. Probablemente, ésta actúa sensibilizando al tiroides frente a focos sépticos latentes o explícitos. La tiroiditis subaguda (De Quervain) tiene personalidad propia. Suele presentarse después de un catarro respiratorio viral alto. Se afecta el estado general con astenia notable, fiebre y V.S.G. marcadamente acelerada. Aparecen mialgias erráticas y dolor cervical anterior, a veces con disfagia que confunde al médico. No hay apenas bocio, pero es duro y muy sensible a la palpación. La gammagrafía tiroidea con yodo 131 es muy demostrativa por la falta de captación. La T4 puede ser alta y la biopsia es típica, aunque innecesaria.

     B) Los abusos de la medicación yódica, en el tratamiento de un bocio o por otra indicación, pueden ser causa de estrumitis.

     C) Las tiroiditis y estrumitis crónicas, más frecuentes, dentro de su rareza habitual, son las sifilíticas, la tuberculosa y la actinomicósica. La más frecuente de las tres es la tuberculosa, que se presenta en tres formas: caseosa, de marcha rápida; tuberculoma, de evolución lenta, difícil de diferenciar del bocio nodular; esclerosis difusa, sin ningún carácter clínico que haga pensar en la tuberculosis. La sífilis, congénita o adquirida, puede producir estrumitis difusa o el goma tiroideo, raro. La actinomicosis se denuncia por las clásicas fístulas con pus con esférulas amarillentas de fácil identificación al microscopio. Estas inflamaciones crónicas no suelen acompañarse de síntomas generales; otras veces, producen ligeras reacciones hipertiroideas o síndromes mixedematosos, ya primitivos, ya consecutivos a la reacción hipertiroidea. El diagnóstico de estas afecciones se hace relacionando los síntomas inflamatorios crónicos (aumento de tamaño, endurecimiento, dolorimiento discreto, con ausencia de fiebre y de adenopatías) con la exploración general y los datos de laboratorio indicadores de la sífilis, tuberculosis o actinomicosis; pero no es raro que la naturaleza del proceso se descubra sólo histológicamente. El error más común es con el cáncer.

     D) Tiroiditis tripanosomiásica (Chagas). En ciertas regiones de América del Sur (Brasil, Argentina, Guatemala, Perú) existe una tiroiditis crónica, endémica, que se atribuyó al tripanosoma cruzi, con signos locales de la tiroiditis y manifestaciones mixedematosas o cretínicas, como las del bocio endémico. Hoy se sabe la no responsabilidad de este tripanosoma en dichos síndromes tiroideos, y se supone que se trata de una coincidencia de la tripanosomiasis con la endemia cretínica. Otros síntomas: véase más atrás.

     E) El quiste hidatídico del tiroides es muy raro. Sólo he visto tres casos. El tiroides adopta una hipertrofia quística cuya confusión con el bocio quístico ordinario es inevitable. El diagnóstico puede sospecharse si el individuo es portador de otros quistes hidatídicos diagnosticados; pero, en la mayoría de las veces, el diagnóstico es operatorio.

    F) Tiroiditis leñosa (Riedel). Afección muy rara, inflamatoria, producida por una infiltración linfocitaria del tiroides bocioso, con subsiguiente degeneración fibrosa y peritiroiditis, que hacen muy difícil su extirpación. Se supone que se debe a una infección banal (tal vez transmitida desde la faringe o laringe o por focos sépticos dentarios); otros piensan en una hipoavitaminosis. La glándula es dura, leñosa, más bien atrófica, muy adherida a la laringe y tráquea, a las que constriñe; el tamaño es, generalmente, moderado; no suele haber dolor. Puede haber, aunque raramente, mixedema secundario. Se presentan en ambos sexos, entre los treinta y los cuarenta años.

     G) Bocio linfomatoso (Hashimoto). Se trata de una variedad rara de degeneración seudoinflamatoria, crónica, del tiroides, parecida a la de Riedel, de la que se diferencia porque en el bocio linfomatoso el tiroides aumenta de volumen; aparece en tiroides no bociosos previamente; afecta así exclusivamente a mujeres, generalmente de más de cincuenta años, postmenopáusicas; su consistencia no es leñosa; no hay peritiroiditis; el mixedema es frecuente. Como la tiroiditis leñosa, se diagnostica muchas veces de cáncer. Histológicamente, se caracteriza por esclerosis con atrofia del parénquima glandular y gran infiltración linfoidea; lesiones, como se ve, muy parecidas a las de la tiroiditis leñosa de Riedel, de la que aquélla sólo sería, para algunos, un estado inicial. Su origen no parece ser infeccioso, sino degenerativo. Hoy se incluye la tiroiditis de Hashimoto entre las enfermedades autoinmunes y se comprueban anticuerpos antitiroideos en la sangre.



  • foco de tiroiditis
  • tiroides lenosa
  • tiroiditis leñosa
  • tiroiditis tuberculosa
  • estrumitis

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