Obesidades infantiles.





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Obesidades infantiles.  Resumo aparte las obesidades infantiles, que han sido anteriormente descritas o aludidas:

     A) Obesidades exógenas en el niño. Yo no he visto casos que me hayan convencido de su origen exógeno: un niño normal, a despecho de los hábitos más incorrectos, nunca come excesivamente ni está excesivamente quieto; cuando estas cosas ocurren, es que existen alteraciones endocrinas o nerviosas que condicionan anormalmente el apetito o la actividad muscular.

     B) Obesidades endógenas en el niño:

     1. Las formas pletóricas, hipofisosuprarrenales de la obesidad no son raras en los niños, sobre todo las hipercorticales puras (Þ). Cuando ocurren, el niño presenta, como he dicho, un aspecto hercúleo muy llamativo; el sistema muscular está enormemente desarrollado; su fuerza física es extraordinaria; come casi como un adulto; su cara, redonda y pletórica, expresa una intensa energía; su tamaño general es excesivo. A veces hay hipergenitalismo o hipervirilismo pilar; pero no es frecuente. Puede haber hipogenitalismo, tal vez secundario a una fase fugaz y precoz de hipergenitalismo. Rara vez se percibe a la palpación un tumor suprarrenal; la hiperplasia difusa no palpable es mucho más frecuente; puede resolverlo la radiografía. Suele suceder que estos niños sufran, a la larga, de retrasos profundos de la talla, que contrastan con la adiposidad y el excesivo desarrollo sexual; las niñas parecen mujeres adultas pequeñísimas (matronismo, Pende) (Þ).

     2. Las adiposidades por insuficiencia hipofisaria, con síndrome adiposogenital son bastante frecuentes en la infancia, ya por lesiones congénitas (quistes de la bolsa de Rathke, craneofaringiomas) (Þ), ya por la cronopatía de la pubertad (Þ).

     3. Obesidad juvenil con macrosomía. Al lado de las adiposidades juveniles de los dos tipos clásicos, el hipofisosuprarrenal, pletórico y el adiposogenital, con talla baja o, a lo sumo, normal, hay un grupo de estas adiposidades que se acompañan de talla alta, resultando un conjunto verdaderamente macrosómico, que ha recibido diferentes nombres: adiposidad con gigantismo de los adolescentes, distrofia de los adolescentes, macrosomía adiposa, obesidad de internado, etc. La descripción más precisa es la de Pende, que supone se trata de un panhiperpituitarismo anterior: adolescentes, sobre todo del sexo femenino, de familia de buenos comedores y obesos, que en la época prepuberal presentan una adiposidad de tipo adiposogenital, pero con presencia de estrías cianóticas (como en el síndrome de Cushing); mamas hipertróficas en las jóvenes, del tipo hipofisario (Þ) y en los jóvenes seudomama adiposa (Þ), desarrollo genital normal (sin hipogenitalismo, como en el síndrome adiposogenital, y sin hipervirilización, como en el síndrome de Cushing); talla alta (y no baja, como en los síndromes adiposogenital y de Cushing); sin alteraciones del metabolismo cálcico (a diferencia de la adiposidad de Cushing); calcemia, fosforemia, colesterinemia, metabolismo basal, 17-cetosteroides, hormonas gonadotropas, normales. En la radiografía se aprecian signos de hipertensión craneal: digitación muy marcada, modificaciones típicas de la silla turca (Þ) y, a veces, craneopatía metabólica (Þ). En los jóvenes del sexo masculino puede haber un aspecto feminoide (obesidad ginandroide de los adolescentes: Simpson). Generalmente, estas formas macrosómicas de la obesidad infantil son verdaderas cronopatías, que evolucionan favorablemente, aun sin tratamiento.

     4. La obesidad hipotiroidea infantil es muy poco frecuente. Las formas leves, frecuentísimas, de insuficiencia tiroidea, lo que hacen es predisponer a las otras formas de obesidad. Las insuficiencias tiroideas graves, en el niño, producen con mayor frecuencia delgadez (Þ).

     5. Un grupo considerable de obesidades infantiles debe relacionarse con las lesiones nerviosas (Þ).

     6. De patogenia dudosa es la obesidad que muchas veces sigue a la amigdalectomía; no siempre puede achacarse a aumentos del apetito y mejoría del estado general.

     7. Obesidad en el síndrome de Mauriac: niños diabéticos con obesidad, a veces marcada, y hepatomegalia esteatósica y rica en glucógeno. Además suele coincidir menor desarrollo estatural, pubertad tardía o hipogonadismo con defecto de osificación esquelética. Algunos lo califican de «diabetes con glucogenosis secundaria», pero predomina el criterio de que se trata de diabetes mal ajustadas en sus regímenes dietético e insulínico, con excesivo aporte calórico y graso.



  • hipergenitalismo en ninos
  • ¿Cómo se denomina el panhiperpituitarismo en la infancia
  • obesidad ginandroide

  • hepatomegalia esteatósica
  • PANHIPERPITUITARISMO

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