Esplenomegalia en las enfermedades de la sangre y de los órganos hematopoyéticos.





Esplenomegalia en las enfermedades de la sangre y de los órganos hematopoyéticos:

      A) Leucemia mielocítica. La esplenomegalia es constante, dura, indolora, con muescas muy marcadas. El bazo puede llegar a pesar más de 10 kilogramos. Puede ser el primer síntoma percibido por el enfermo y por el clínico; en varios casos míos, los pacientes consultaron porque «se les hinchaba el vientre», sin ninguna otra manifestación. Otras veces tarda en apreciarse (Þ).

     B) Leucemia linfocítica. La esplenomegalia es discreta, tardía, a veces ausente (Þ).

     C) Leucemias agudas. La esplenomegalia es más o menos marcada, pero sin interés diagnóstico ante la intensidad del resto del síndrome (Þ).

     D) Agranulocitosis. Esplenomegalia moderada y sin valor diagnóstico (Þ).

     E) Anemia seudoleucemia infantil (Jackson-Hayem). En este síndrome, de personalidad dudosa, el síntoma más llamativo, al lado de la anemia, es el gran bazo. Sobre su diagnóstico, (Þ).

     F) Linfogranulomatosis (Hodgkin). En algunos casos de esta enfermedad, la esplenomegalia es importante y a veces domina el cuadro clínico, pero lo habitual es que se presente tardíamente. En un 30 a 40 por 100 de los casos puede no percibirse (Þ).

     G) Ictericia hemolítica. En este síndrome (Þ), la esplenomegalia puede ser precoz y considerable, y plantearse, sin claridad, alrededor de ella el diagnóstico. Sin embargo, la confusión es casi siempre difícil por la presencia de la típica ictericia acolúrica, la anemia hemolítica, etc. Hay, por el contrario, casos con esplenomegalia discreta, sobre todo en los de revelación tardía.

     H) Eritremia (policitemia verdadera, esplenomegalia policitémica: Vaquez-Osler). El bazo grande es frecuente en este proceso, permitiendo distinguirle de las policitemias secundarias; pero no es, a pesar del nombre de la enfermedad, absolutamente constante (Þ).

     I) Anemia perniciosa. En la casi totalidad de las autopsias se encuentra el bazo hipertrofiado; pero esta hipertrofia no siempre se percibe en clínica. Hay, sin embargo, un escaso grupo de anemias perniciosas con hepatomegalia y esplenomegalia, que puede ser enorme (Þ).

     J) En la púrpura crónica (hemogenia), la esplenomegalia es discreta y no tiene valor diagnóstico.

     K) En el linfoblastoma folicular (Brill-Symmers): (Þ).

     L) Hematopoyesis extramedular. En la metaplasia mieloide secundaria a la invasión medular (por cáncer metastásico, granulomas, tesauropatías, etc.) o a los estados hiperregenerativos (en anemias hemolíticas especialmente) y en la llamada «metaplasia mieloide idiopática» sobre todo, aparecen notables esplenomegalias casi siempre acompañadas de hepatomegalia. En esta última enfermedad coexiste osteosclerosis y/o mielofibrosis y en la sangre periférica aparecen formas inmaduras de la serie blanca y de la serie roja, así como trombocitosis al principio y trombopenia al final. También en la osteopetrosis —citada en VIII— puede existir hiperesplenismo por H. e.

     M) También en el linfosarcoma y el reticulosarcoma existen, a menudo, esplenomegalia, incluso muy notable.

     N) En la porfiria eritropoyética de Günther y en relación con la anemia hemolítica que le acompaña.



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