Deformidades por osteítis y osteomielitis.





Deformidades por osteítis y osteomielitis:

      A) En las osteítis y osteomielitis, agudas y crónicas, principalmente estreptocócicas y estafilocócicas, la deformación ósea suele ser síntoma poco importante. Hay muchas veces edema de los tejidos blandos, bajo el cual se percibe el hueso doloroso, discretamente inflamado. En el adolescente la localización suele hacerse en el límite de la diáfisis —metáfisis—, muy vascularizado en esta edad (Þ); en el adulto puede localizarse en cualquier otro punto del hueso. Pero predominan siempre los síntomas generales, sobre todo la fiebre, que puede tener aspecto tífico, grave, y el dolor, que localiza la atención del médico hacia la lesión; después aparece la fluctuación del pus, que puede hacer pensar en un absceso de las partes blandas no óseo; aun con radiografías negativas debe pensarse en el origen óseo. El antecedente de un foco supuratorio, estreptocócico o estafilocócico, a veces insignificante, ayuda al diagnóstico de osteomielitis. Más adelante, la lesión se puede fistulizar y aparecen los secuestros que confirman el diagnóstico (Þ).

     B) Otros gérmenes, además de los estreptococos y estafilococos, que son los más frecuentes, pueden ser causa de la osteomielitis: neumococos, gonococos, disentería, gripe, piociánico, etc. El antecedente de la enfermedad respectiva es la guía del diagnóstico. Son particularmente frecuentes las osteomielitis aparecidas durante la fiebre tifoidea, que pueden pasar inadvertidas durante la enfermedad y revelarse mucho tiempo después (seis años en un caso mío) por abscesos fríos, fistulizados, en cuyo pus se encuentra el bacilo tifoideo; se presentan preferentemente en los huesos torácicos (esternón, costillas).

     C) Tuberculosis. La tuberculosis ósea es muy frecuente en niños y jóvenes, unas veces sospechosos por su mal estado general, por su «hábito tuberculoso»; otras veces, en individuos de buen aspecto general. La deformación ósea suele ser poco marcada; se debe principalmente a la inflamación periostal y de las partes blandas. Las osteomielitis tuberculosas afectan principalmente a las extremidades de los huesos largos, a los pequeños huesos de la mano y del pie y a las vértebras. Es frecuente, pero no patognomónica, la deformación fusiforme de los dedos (dactilitis tuberculosa, espina ventosa) por osteítis de una falange en uno o más dedos, que aumenta la cavidad medular de la diáfisis y engruesa la cortical, «en salchicha». La sífilis puede originar lesiones semejantes, diferenciándose principalmente por la radiografía, ya que en las lesiones sifilíticas predominan mucho las inflamaciones del periostio y, en los casos avanzados, hay imágenes difusas, de aspecto muy destructivo, que recuerdan a las de la enfermedad de Paget o a las de algunos cánceres; nada de lo cual se presenta en la imagen de las tuberculosas. Con todo, la confusión persiste a veces, resolviendo la duda las reacciones serológicas y el resultado del tratamiento. La osteítis tuberculosa da lugar frecuentemente a la formación de abscesos fríos, que, por su abundancia, su pus fluido, su falta de inflamación perilesional y la ausencia de síntomas generales, son fáciles de diagnosticar; cuando se abren a exterior, crean fístulas tórpidas, muy características (Þ). La caries seca tuberculosa es mucho menos común; mucho más frecuente en la sífilis; y es éste otro signo diferencial. Recordaré otra vez que los abscesos fríos tuberculosos pueden aparecer en sitios alejados de la lesión ósea que los originó (Þ), por ejemplo, he visto abscesos enormes aparecidos en el tercio inferior del muslo, emigrados desde la columna vertebral, sin haber producido antes otro trastorno que algunas temporadas de febrícula.

     D) Sífilis:

     1. Produce con frecuencia, sobre todo en el período secundario, deformaciones de origen perióstico, en los huesos, en forma de nódulos, generalmente múltiples. Afectan principalmente a la tibia, a las costillas, esternón, clavículas y cráneo. Pueden producir un dolor sordo, que aumenta en la cama: este dolor nocturno —«osteocopo», intenso y más frecuente en la tibia—, que goza de gran popularidad diagnóstica, no es, sin embargo, patognomónico de la osteítis sifilítica.

     2. En el período terciario pueden aparecer:

      a) Osteomielitis destructivas, especialmente parecidas a las tuberculosas, cuyo diagnóstico diferencial acabo de explicar; insisto en la frecuencia con que son del tipo de la caries seca.

      b) Gomas o abultamientos esclerogomosos, a veces extraordinariamente marcados, dolorosos espontáneamente y a la palpación. No es raro que se hayan diagnosticado de tumores malignos. Es frecuente la afectación de la tibia con deformación y prominencia en sable, por reacción perióstica engrosante, aparte de las lesiones óseas destructivas.

     3. Heredosífilis. Pueden aparecer también estos abultamientos, especialmente en el tercio interno de la clavícula.



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  • inflamacion en las partes blandas de la clabicula
  • OSTEOMIELITIS costillas
  • deformidades de la sífilis
  • osteomielitis de costilla

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