Queratitis y úlceras corneales.





Queratitis y úlceras corneales.  Se llama así a la inflamación de la córnea. Ésta aparece deslustrada, intensamente vascularizada, a veces ulcerada y supurante, con frecuente conjuntivitis adjunta; hay intenso dolor, fotofobia, con lagrimeo y blefarospasmo; muchas veces están afectados el iris y los cuerpos ciliares. Sus principales orígenes son los siguientes:

     A) Traumatismos: a veces insignificantes (picapedreros, fragmentos de carbón en fogoneros o en viajeros en el tren, etc.).

     B) Todas las conjuntivitis (Þ) pueden acompañarse de queratitis (queratoconjuntivitis). Por ejemplo la queratoconjuntivitis sicca con xerostomía del síndrome de Sjögren, que puede ser autónomo o formar parte de una artritis reumatoide u otra colagenosis, o bien en el curso de una cirrosis biliar primaria.

     C) En el curso de las diversas enfermedades agudas: son especialmente frecuentes y graves en la viruela y en la fiebre aftosa.

     D) La sífilis produce una forma especial de queratitis, la queratitis intersticial o parenquimatosa, que suele aparecer entre los cinco y los quince años. Se manifiesta por una o varias manchas grises más o menos extendidas por toda la córnea; ésta adquiere un color gris amarillento que puede hacerse asalmonado en ciertos casos por la reacción vascular inflamatoria. En esta fase primitiva, la córnea se hace densamente opaca; más adelante, empieza a aclararse, la visión mejora y quedan sólo opacidades que, en ocasiones, es preciso buscar bien con una iluminación especial. Es muy frecuente que la queratitis se sume a la inflamación del iris, coroides y procesos ciliares; la queratitis es, pues, entonces, parte de una uveítis sifilítica (Þ). Se considera esta queratitis como signo importante de heredosífilis, y lo es; puede asociarse o no a los otros estigmas de la heredosífilis (Þ).

     E) En las infecciones tropicales, sobre todo en la filaria (Þ), puede haber queratitis, quizá tardías, difíciles de interpretar si se olvida esta etiología.

     F) Cuando los párpados se cierran insuficientemente, el epitelio corneal, no bañado y barrido por el parpadeo, se desluce, se infecta, se ulcera. Esta forma de queratitis aparece:

     1. En los casos de gran exoftalmia, principalmente en la hipertiroidea y en la exoftalmia maligna (Þ), tal vez porque, en ella, el factor mecánico se añade un factor trófico.

     2. En la parálisis periférica del facial, con parálisis del orbicular; y en otras deformidades de los párpados o en la retracción cicatrizal de los mismos.

     3. Finalmente, muy rara vez, en enfermos profundamente agotados.

     G) La queratitis neuroparalítica se debe a la parálisis del trigémino, ya, raramente, por afecciones espontáneas del ganglio de Gasser, ya, después de la extirpación o del tratamiento por el alcohol de éste, en las neuralgias de dicho nervio. Probablemente, al factor trófico se suman traumatismos imperceptibles, favorecidos por la anestesia de la córnea.

     H) El herpes zona puede ser causa de ulceraciones corneales. Su diagnóstico es evidente (Þ).

     I) En estados de mala alimentación, sobre todo hipoavitaminosis A (Þ), singularmente en niños, se produce una sequedad de la córnea, con descamación y, a veces, ulceración. La lesión puede no infectarse, constituyendo la queratomalacia o queratitis xerótica; pero, casi siempre, se infecta, sobre todo en niños pequeños; pudiendo llegar a ser mortal. En casi todas las queratitis descritas más arriba, este factor hipoavitamínico puede jugar un papel; la prueba es que casi todas ellas aparecen de preferencia en niños mal alimentados.

     J) Existe una queratitis intersticial no sifilítica, acompañada de síntomas vestibulares y auditivos (vértigo menieriforme, con acúfenos y sordera) que constituye el síndrome de Cogan, cuyo interés clínico radica en que el 25 por 100 de pacientes desarrollan luego una panarteritis nodosa.

     K) Úlceras corneales junto a conjuntivitis e iridociclitis pueden aparecer en el síndrome de Behçet.

     L) Queratoconjuntivitis herpética es especialmente frecuente y a menudo crónica o recurrente, muy molesta para el enfermo la ulceración a que da lugar y rebelde al tratamiento.

     Ll) En el síndrome de Stevens-Johnson (ectodermosis erosiva pluriorificial) pueden aparecer ulceraciones y luego opacidades corneales.

     M) En el síndrome de Reiter, igualmente.

     N) Queratoconjuntivitis seca, a veces con escleritis o episcleritis, excepcionalmente escleromalacia con perforación de un nódulo reumático, en la artritis reumatoide.



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