Herpes (herpes simplex).





Herpes (herpes simplex).  Son vesículas, aisladas o en grupo, llenas de líquido claro, sobre una base ligeramente eritematosa, que evoluciona hacia la formación de costras fugaces sin cicatriz duradera ni molesta. Se presentan en cualquier lugar de la piel, pero principalmente en los bordes de las mucosas (en torno de la boca, orificios nasales, órganos genitales) o en las mucosas mismas. Hoy se supone que el herpes se debe a un agente infeccioso que actúa, ya aisladamente, ya asociado con otras infecciones que le sensibilizan y reactivan; o sensibilizado por otras causas no infecciosas. Se trata del virus del herpes simple del que se conocen dos serotipos: el tipo 1 (HSV-1) que es el causante del herpes labial y el 2 (HSV-2) responsable del herpes genital. El contagio es directo: una madre con herpes no besará a sus hijos. Su diagnóstico es fácil: la falta de dolores previos, la distribución sin relación con el trayecto de los nervios y la posibilidad de recidivar, lo diferencian del zona, a pesar de lo cual algunos autores, creo que sin razón, insisten sobre sus relaciones. He aquí las distintas variedades de herpes:

     A) Herpes sintomáticos de diversas infecciones. Es el más frecuente. Cualquier fiebre puede acompañarse de herpes. Así lo interpreta el vulgo. Es curiosa esta alusión de Cervantes: «Cuán grande fue de amor tu calentura, pues salieron señales a tu boca» (Persiles y Segismunda). Suele tratarse, pues, del herpes labial y, pasado el brote, el virus se acantona en el ganglio de Gasser ascendiendo por las fibras del trigémino. De aquél pueden partir nuevos brotes labiales o bien una complicación ocular y excepcionalmente una encefalitis, por lo general muy grave.

     1. Las infecciones que preferentemente se asocian al herpes son la meningococia y la neumococia. El herpes meningocócico suele ser numeroso y muy extendido, no sólo por toda la cara, a veces, por el tronco; mientras que el neumocócico suele ser de uno o pocos elementos y circunscrito a la región peribucal, sobre todo al labio superior. Puede, en algunos casos, tener el herpes valor diagnóstico y, desde luego, pronóstico —bueno— en ambas enfermedades. En la neumonía por el germen de Frankel es mucho más frecuente que en la debida al germen de Friedländer En el SIDA avanzado, junto a otras infecciones «oportunistas».

     Es interesante recordar que, por el contrario, la tifoidea no cursa con herpes y este dato sirve para el diagnóstico diferencial con la neumonía y otras infecciones, ya que su presencia descarta prácticamente aquella sospecha. Tampoco aparece herpes en la meningitis tuberculosa, en la polio y en la difteria, salvo excepcionalmente.

     2. El herpes coincide, a veces, con fenómenos encefalíticos o meningoencefalíticos: se ha querido hacer de estos casos una forma especial de encefalitis (encefalitis herpética) que, probablemente, corresponden a encefalitis diversas, esporádicas o epidémicas, a las que se une este síntoma. Recordemos que, para algunos autores, el virus del herpes sería el mismo que el de la encefalitis epidémica.

     3. El paludismo se acompaña también, con frecuencia, de herpes peribucales discretos. También la gripe. En el tifus exantemático es muy constante e intenso: en los tiempos en que veíamos epidemias coincidentes de tifoidea y tifus exantemático, era éste uno de los signos diferenciales entre ambos procesos. En la tifoidea, en efecto, el herpes es excepcional, como se ha dicho ya. En ciertos paratifus (sobre todo en algunas epidemias del paratifus B), puede presentarse. También en casos de colibacilosis y de gonococia. Es frecuente igualmente en las anginas, en la erisipela, en la fiebre recurrente y en la neumonía vírica.

     Ocasionalmente puede presentarse en la leptospirosis de Weil, en la ornitosis, en la disentería bacilar, en la fiebre Q y en la triquinosis.

     B) Fiebre herpética. El herpes puede aparecer como síntoma único, precedido y acompañado de fiebre de varios días de duración, a veces con ligera esplenomegalia y con un carácter epidémico. A esto se llama fiebre herpética. Muchas veces es difícil diferenciarla de una infección cualquiera —por ejemplo, una gripe, y, sobre todo, una neumococia o una meningococia larvadas— acompañada de herpes; creo que ésta es la recta interpretación de casi todos los casos diagnosticados de fiebre herpética.

     C) Herpes medicamentosos. El herpes puede aparecer después de ciertas medicaciones: proteinoterapia, vacunación (sobre todo, la antitifoidea), sueros, metales coloidales, salvarsán.

     D) Herpes traumático. Se han descrito casos, muy raros, de herpes, como los antes descritos de zona, después de operaciones en la boca o de otras intervenciones, incluso mínimas, como una simple punción lumbar.

     E) Herpes menstrual y gravídico. Hay mujeres en las que aparece el herpes labial, sin ningún otro síntoma, en los días premenstruales o al comienzo de la gravidez, seguramente por la exaltación de los gérmenes habituales de la boca, en virtud del trastorno humoral de origen genital.

     F) Herpes de las mucosas. Merecen una descripción aparte. Se caracterizan porque, al romperse, en lugar de la costra habitual en el herpes cutáneo, dan lugar a una ulceración que puede infectarse y durar más o menos. Si se acompañan de herpes cutáneos, el diagnóstico es fácil; pero, si se presentan aisladamente, no es raro que originen dudas de interpretación. Pueden presentarse:

     1. En la mucosa bucal o faríngea, con los síntomas de estomatitis y faringitis; generalmente se diagnostican como aftas (Þ).

     2. La angina herpética también es diagnosticada en la mayoría de los casos sin precisión, confundiéndola ya con una angina catarral, ya con una angina seudomembranosa o diftérica, pues las vesículas ulceradas se recubren de un exudado blanco, seudomembranoso. Al comienzo de la evolución, las vesículas son más netas y el diagnóstico más fácil. La confusión es siempre posible con un zona faríngeo (Þ).

     3. Herpes de conducto auditivo. Suele manifestarse por dolor local, zumbido y vértigo. Hay que distinguirlo del herpes zona de igual localización.

     4. Herpes laríngeo. Su sintomatología es la de la laringitis aguda. Su diagnóstico sólo es posible si coexisten herpes cutáneos o, al principio, por el examen laringoscópico.

     5. Herpes genital. Es el más frecuente e interesante. Asienta, en el hombre, en el surco balanoprepucial, en el prepucio mismo, o en el glande, junto al meato. En la mujer, en los bordes vulvares. Se ulcera y se cubre de supuración, y, si es tratado con agentes cáusticos o irritantes, puede endurecerse y producir reacción ganglionar; por todo ello es, y, sobre todo, era, frecuente el error diagnóstico con el chancro (Þ). Todos conocemos individuos con inocentes herpes genitales, que han sufrido intensos tratamientos antisifilíticos y la depresión psíquica de creerse infectados. No obstante, el herpes puede ser la puerta de entrada de una sífilis.

     Se debe al serotipo HSV-tipo 2 (como el herpes neonatorum) pero a través del coito oral o de las manos puede originarse por el virus del herpes «labial» (tipo 1). Recientemente, por la promiscuidad sexual, precocidad de relaciones sexuales y el homosexualismo, ha crecido muchísimo la difusión del herpes genital. La falta de terapéutica y las recidivas periódicas llevan a obsesiones y reacciones neuróticas en los pacientes. Complicación posible es una leve meningitis espinal a partir de los gérmenes latentes en los ganglios raquídeos sacros. Debe distinguirse el herpes de las aftas, por ejemplo del síndrome de Behcet o de las lesiones del síndrome de Stevens-Johnson.



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