Queilitis.





Queilitis.  Se incluyen con este nombre todas las formas de inflamación crónica de los labios. Pueden ser secundarias a un eccema seborreico, a infecciones crónicas de la boca (por ejemplo, a la simple piorrea), a la acción excesiva de los agentes atmosféricos (sol, frío, en los exploradores, alpinistas, personas que toman baños excesivos de sol, etc.), a la pintura de labios en las mujeres (sobre todo por su componente en lanolina), etc. La influencia de la sensibilidad individual es importantísima, sobre todo para la acción de la luz (queilitis actinoalérgica: Wucher-Pfenning). Hay casos de queilitis debidos a las pastas o elixires dentífricos inofensivos, a ciertos cigarrillos, al jugo de algunas frutas (naranja, fresa, etc.). Se distingue una forma de queilitis exfoliativa y otra glandular.

     A) En la queilitis exfoliativa, el labio, sobre todo el inferior, aparece cubierto de costras que, de tiempo en tiempo, se caen, dejando libre una superficie erosionada, sobre la que se forman costras nuevas. Hay, generalmente, fisuras y una sensación penosa de tirantez o quemadura.

     B) Queilitis glandular (mixadenitis labial). Consiste en la inflamación crónica de las glándulas mucosas del labio o de glándulas salivares aberrantes. Puede ser simple (Puente: la describió en los emigrados españoles en América); o supurada superficial (Baelz); o supurada profunda (Volkmann). El labio aparece muy grueso, doloroso, cubierto de una película costrosa, mucosa o purulenta. Se acompaña, por lo común, de un estado catarral, muconasal y, a veces, de eritema de la piel vecina. La infección dentaria influye en su génesis (Gay). Hay casos que aparecen congénitos y familiares.



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