El flujo de la uretritis gonocócica
El flujo de la uretritis gonocócica se caracteriza por el antecedente del contacto venéreo sospechoso; por el hallazgo del germen en los frottis del exudado; por el cultivo del germen; por la reacción de la desviación del complemento (Þ); eventualmente, por la presencia de complicaciones típicas. Muchas veces, uno o varios de estos signos son tan claros que el diagnóstico no ofrece la menor duda; pero otras son dudosos. El coito infectante es, en ocasiones, impreciso; el hallazgo negativo del germen en el exudado no permite eliminar la seguridad de la infección; tampoco la negatividad del cultivo; y los resultados de la desviación del complemento sólo tienen valor cuando son positivos o cuando su negatividad coincide con otros datos importantes también adversos al diagnóstico. La presencia de complicaciones típicas es de mucho valor; dichas complicaciones pueden ser precoces o tardías; las más importantes son las urogenitales: cistitis (Þ), prostatitis (Þ), epididimitis (Þ), vesiculitis, pielitis, bartolinitis, salpingitis (Þ); las articulares (Þ); y la septicemia con endocarditis (Þ); mucho menos frecuentes son la neumonía consecutiva al infarto pulmonar; la pleuresía; la hiperqueratosis (Þ); las neuralgias y neuritis (sobre todo la ciática); las mielitis, y, finalmente, ciertas neurosis y psicosis. El flujo uretral puede presentarse al clínico en la fase aguda y en la crónica:
A) La uretritis gonocócica aguda se caracteriza por el flujo, generalmente espeso, cremoso, amarillento y quizá verdoso; hay inflamación del meato. Aparece de cuatro a seis días después del coito infectante. Si la infección se localiza en la parte anterior de la uretra, la sintomatología se reduce al flujo y, casi siempre, al dolor, sobre todo durante la micción y la erección. Si afecta a la uretra posterior, suele haber polaquiuria muy dolorosa con tenesmo; y haciendo que el paciente orine en dos vasos, aparece el pus en ambos y no sólo en el primero, como ocurre en la uretritis anterior. En cualquiera de los dos casos, pueden, además, presentarse los síntomas correspondientes a las complicaciones citadas.
B) En la uretritis gonocócica crónica, el flujo es menos abundante, menos purulento, a veces acuoso y mucoso, reduciéndose a una pequeña cantidad matutina, antes de la primera micción (gota militar). Después de los tratamientos más rigurosos puede subsistir esa gota, siendo muy difícil determinar si corresponde a una uretritis ya aseptizada definitivamente o si aún conserva posibilidades de reactivación y de contagio: análisis muy repetidos aclararán esta duda. Existen siempre filamentos (Þ). Puede haber dolorimiento (más bien sensación de quemadura) al orinar; eyaculaciones dolorosas y sanguinolentas y, quizá, impotencia psíquica y neurastenia sexual. En bastantes casos, la uretritis crónica —la blenorrágica y también las de otros orígenes— da lugar a la estrechez uretral, que, por lo general, evoluciona insidiosamente, dando sólo lugar a la disminución del calibre y de la proyección del chorro; después, a la micción difícil (Þ); hasta que comienzan los signos de retención (Þ). La vigilancia de esta posible complicación de los uretríticos crónicos y su comprobación por el cateterismo es importante para la eficacia del tratamiento y para la prevención de la retención. La gonococia duradera, resistente, a la penicilina, puede deberse a cepas productoras de betalactamasa cada vez más frecuentes.
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