Estomatitis por infecciones autóctonas de la boca.





Estomatitis por infecciones autóctonas de la boca.  Incluyo en este grupo las siguientes, todas ellas de fisonomía clínica típica, aun cuando, desde el punto de vista etiológico, no siempre se pueden diferenciar claramente de las anteriormente descritas:

     A) Estomatitis aftosa. Las aftas (aftosis) son placas del tamaño de una cabeza de alfiler o un cañamón, redondas, blancoamarillentas, rodeadas de un halo hiperémico, recubiertas de un exudado leve, fibrinoso. Se deben generalmente al virus del herpes simplex tipo 1. Aparecen en toda la mucosa bucal, pero principalmente en el labio y encía inferiores; son muy dolorosas al contacto de los líquidos; pueden producir febrícula y discreta adenopatía; pueden concluir y ulcerarse:

     1. Aparecen en los niños, principalmente en la época de la dentición, pudiendo llegar a entorpecer la alimentación y a determinar estados generales serios. Las vesículas de herpes labial y circumorales denotan la etiología.

     2. En el embarazo y en la menstruación pueden aparecer las aftas (aftas gravídicas, aftas catameniales). En algunas mujeres surgen, en efecto, en el embarazo, ya aisladas, ya unidas a síntomas gestósicos (Þ). En otras, periódicamente, en los días que preceden a la regla, acompañadas de los síntomas de la tensión premenstrual (Þ).

     3. Hay una vulvitis aftosa, caracterizada por la aparición de aftas en la vulva, ya aisladamente, ya unidas a las aftas bucales. Estas aftas se han atribuido a falta de hormona luteínica; el hecho es que pueden aliviarse por esta opoterapia: casos míos; pero esta explicación, sin embargo, contradice a las aftas del embarazo (Þ).

    4. Las aftas genitales pueden presentarse en el varón, en el surco balanoprepucial (balanitis ulceromembranosa). A veces, no siempre, se asocian con las aftas bucales. Pueden corresponder al síndrome de Reiter, o deberse al virus 2 del herpes simple.

    5. En diversos trastornos gastrointestinales crónicos hay aftas bucales; es dudoso si estos trastornos favorecen la aparición de las aftas o si son ellos consecuencia de lesiones aftosas concomitantes de la mucosa digestiva; esto último parece lo más probable, pues las aftas han sido confirmadas en el estómago por la gastroscopia.

    6. Las infecciones locales, antes citadas, que pueden originar estomatitis banales, pueden causar también, o favorecer, las aftas.

    7. Los estados de carencia alimentaria producen o favorecen las aftas (el ácido nicotínico puede curarlas).

     B) Gangrena en la boca (noma). Aparece en los niños debilitados, en el curso o el final de infecciones, como el sarampión, difteria, tifoidea, tuberculosis; y, con menos frecuencia, en la viruela y el tifus exantemático. Algunos hacen especialmente responsable a una hipoavitaminosis B1, exacerbada por la infección, pero también la he visto en niños robustos y sin previa infección diagnosticable. Es afección excepcional, pero no imposible, en el adulto. Suele comenzar la lesión en la encía, hacia el primer molar o en la mucosa del carrillo, a ese mismo nivel. La lesión inicial, indolora, es frecuente que pase inadvertida, sobre todo en los niños febriles, hasta que la denuncia el repugnante olor. Esta lesión inicial consiste en una mancha lívida, con rápida tendencia a la ulceración, acompañada de un edema rojo de la piel de la cara, que alcanza rápidamente al párpado, con un aspecto que recuerda al de la erisipela o la pústula maligna. La úlcera se esfacela, y acaba por perforar la piel, dejando al descubierto los maxilares, que le pueden ser también invadidos. La pérdida de sustancia de la cara es, a veces, enorme. Es típica la falta de reacción inflamatoria (salvo el edema) en torno de la terrible lesión, así como la ausencia del dolor y de la fiebre y el relativo buen estado general del niño, hasta que sobrevienen los fenómenos tóxicos, febriles, con rápida inanición y muerte, si no se acude enérgicamente al tratamiento.

     C) Muguet. Está constituido por placas eritematosas que se recubren de pequeños grumos blancos, clásicamente comparados a la sémola, que, al confluir, fingen el aspecto de la leche coagulada. Se localiza preferentemente en la lengua y cara interna del carrillo, encías, labios y paladar. Se debe a la proliferación del hongo Candida u Oidium o Monilia albicans. Puede dar lugar a sepsis. Su diagnóstico es fácil. Su principal interés es pronóstico (malo). Se presenta de preferencia:

    1. En los niños de pecho atrépsicos, con trastornos gastrointestinales graves.

    2. En adultos y viejos afectos de largos procesos debilitantes (cáncer, uremia crónica, diabetes grave, tifoidea intensa, hipoalimentación; tuberculosis muy crónicas y depauperantes, etcétera).

     3. En general, su aparición se favorece por los estados acidósicos, de los que puede considerarse como un importante signo de presunción (Þ).

     4. Los tratamientos antibióticos excesivos pueden originar sepsis micóticas o moniliásicas, con glositis, diarrea, vaginitis, bronquitis, tal vez meningoencefalitis y fiebre que no desaparece hasta que se suspende el antibiótico.

     5. La radioterapia cervical, por encima de 1.500 rads, originan estomatitis, parotiditis y lesiones radiodermíticas.



  • aftas catameniales
  • placas moniliasicas
  • Estomatitis fibrinosa

  • gangrena en la boca
  • estomatitis moniliasica

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