Vómitos por lesiones del aparato digestivo.





Vómitos por lesiones del aparato digestivo:

      A) Vómitos esofágicos. Se caracterizan porque aparecen sin previa náusea; porque los restos alimentarios no han sido digeridos, y porque están mezclados con gran cantidad de moco filamentoso. En realidad suele tratarse de regurgitaciones, pero puede existir un vómito gástrico verdadero en enfermedades esofágicas con paso al estómago y expulsión emética de secreciones esofágicas. Pueden ser debidos a todas las lesiones del esófago que han sido estudiadas en las disfagias (Þ), síntoma que acompaña, casi invariablemente, a estos vómitos. En las bolsas que se forman por encima de la estrechez o en la cavidad diverticular, pueden quedar detenidos durante varios días los alimentos y presentar, al ser devueltos, signos de putrefacción o de infección. Pueden aparecer mezclados con sangre.

     B) Vómitos por lesiones gástricas. Todas ellas, agudas o crónicas, se acompañan frecuentísimamente de vómitos. Recordaré las principales a este respecto:

     1. Dispepsias híper e hipoclorhídricas. De ellas es típico el sabor ácido del vómito cuando hay ácido clorhídrico libre; menos intenso si hay ácidos orgánicos; de sabor agrio, alimentario, en los casos de aclorhidria. Suelen aparecer dentro de las primeras horas de la digestión (Þ) y siguientes. Recuérdese la gastritis alcohólica con sus «pituitas» matutinas, abundantes en moco.

     2. Úlcera gástrica o duodenal. El vómito se acompaña, generalmente, de dolor y se presenta con la cronología de éste, es decir, temprano, dentro de la primera hora, si la úlcera asienta en las curvaduras, y tardío si la úlcera es pilórica o duodenal; pero esta regla no es fija. Se acompaña por lo común de hiperclorhidria; a veces, pero no con la frecuencia que se dice, es hematemésico (Þ).

     3. Estenosis pilórica. Vómitos tardíos, abundantes, malolientes (huevos podridos) con restos alimentarios viejos, con formación de tres capas: una, superior, formada por burbujas gaseosas con restos pequeños de alimentos; otra, intermedia, líquida, y otra, inferior, sólida, formada de alimentos y sarcinas; contienen poca o ninguna bilis; son, generalmente, hiperácidos si la estenosis es por úlcera; y sin acidez clorhídrica, agrios, putrefactos, si es cancerosa. En la hipertrofia pilórica de los niños, los vómitos constituyen el síntoma fundamental junto con el peristaltismo visible (Þ). Es típica en esta lesión la complicación tetánica (Þ). Debe distinguirse del síndrome adrenogenital del recién nacido con pérdida salina.

     4. Vómitos en la dilatación aguda del estómago. Constituyen el síntoma principal de este grave accidente: vómitos intensos, sin esfuerzo, no fecaloideos, con rápida deshidratación, con enorme meteorismo alto, sin dolor de vientre marcado, sobrevenidos después de una laparotomía o en el curso de una infección aguda, etc. Sobre su diagnóstico, (Þ).

     5. Cáncer gástrico. Los vómitos de esta afección pueden faltar completamente si no hay estrechez pilórica. El vómito canceroso se acompaña, a veces, de hematemesis en poso de café (Þ).

     6. Citaré, por su intensidad y por las dificultades del diagnóstico, los vómitos de la hernia diafragmática (Þ) y los de la hernia umbilical o epigástrica (Þ). Unos y otros pueden presentarse por crisis, haciendo pensar en crisis tabéticas (un caso mío).

     C) Vómitos por lesiones intestinales:

     1. La causa más importante es la oclusión intestinal (Þ). Aparecen tanto más precozmente cuanto más alta sea la oclusión. Son, primero, vómitos alimentarios, luego biliosos y más adelante fecaloideos. En todo individuo portador de lesiones que puedan conducir a la oclusión —por ejemplo, en herniados— la aparición de vómitos debe hacer pensar en una posible oclusión.

     2. Los portadores de parásitos intestinales (lombrices, tenia), sobre todo los niños, pueden presentar vómitos, caprichosos en su cronología, difíciles de interpretar por la ausencia de otros síntomas. En las primeras edades debe pensarse siempre en esta causa (Þ).

     3. Enfermos colíticos, sobre todo los muy nerviosos, pueden presentar cólicos o estados nauseosos, sobre todo los matutinos, de tipo biliar (Þ).

     4. Especial interés tiene el vómito en el diagnóstico de la apendicitis aguda. Es cierto que algunos apendicíticos presentan su acceso sin vómitos; pero en la mayor parte, y sobre todo en los niños, el ataque se manifiesta por vómitos, por lo que es práctica corriente el examinar la región apendicular en todo niño que vomita, aun cuando sea con la apariencia de una simple indigestión. Es lo común que los vómitos apendiculares se calmen después de iniciado el ataque; pero otras veces persisten durante todo éste. Sobre la posible aparición de hematemesis en los vómitos apendiculares, (Þ).

     D) Vómitos por lesiones hepáticas. En todas las afecciones del hígado y vías biliares es común el vómito fácil, muchas veces bilioso, ya muy nauseoso, ya con poca o ninguna náusea previa:

     1. Los accesos de colelitiasis y colecistitis aguda se acompañan de vómitos profusamente biliares, así como sus complicaciones (obstrucción de vías biliares). La participación del colédoco se señala por la especial intensidad de los vómitos.

     2. En las cirrosis biliares o atróficas, sobre todo en aquéllas, son frecuentes los vómitos matutinos, mucosos y biliosos.

     3. En la atrofia amarilla aguda del hígado, los vómitos son parte importante del síndrome; hasta el punto de que en todo ictérico en que aparecen vómitos muy repetidos y rebeldes, a veces hemáticos, debe sospecharse la degeneración aguda del hígado. Otros síntomas: (Þ).

     4. Los individuos con colemia familiar, constitucional, presentan habitualmente, sobre todo por temporadas, náuseas matutinas, a veces con vómitos, en muchas ocasiones provocados al lavarse la boca, con moco y bilis (Þ).

     5. En las hepatitis agudas víricas el cuadro clínico puede iniciarse con vómitos.

     E) Vómitos en las lesiones pancreáticas:

     1. En las pancreatitis crónicas, el vómito, frecuente, no tiene importancia diagnóstica (Þ)

     2. En las pancreatitis agudas, el vómito forma parte del síndrome general, idéntico al del abdomen agudo (Þ).

     F) Vómitos en las lesiones peritoneales. Este síntoma es una de las manifestaciones fundamentales de todo proceso peritonítico: vómito precoz, incoercible, muy nauseoso y angustioso, alternando con simples regurgitaciones, acompañado frecuentemente de hipo (Þ).



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