Causa de la Alergia





Hecho el diagnóstico de la naturaleza alérgica de un determinado proceso, es preciso intentar descubrir su causa, es decir, el alergeno o alergenos específicos y los diversos factores coadyuvantes y determinantes que pueden colaborar con aquéllos. La pauta general, aplicable especialmente al asma, es la siguiente:

     A) Factores hipersensibilizantes (alergenos). Se investigan por los datos anamnésicos, por los datos clínicos y por las pruebas cutáneas expuestas. Los principales son los siguientes:

     1. Productos epidérmicos de los animales. Actúan por inhalación, menos veces por contacto: dormir en almohadas o colchones de pluma; manufacturar o usar pieles diversas; manejar los animales correspondientes. Los principales son: plumas de aves, pieles de animales, caspa de caballo.

     2. Inhalación de pólenes diversos o de polvos de distintas harinas. Son responsables, sobre todo, de la rinitis alérgica (oficios que suponen el contacto con plantas; molineros, panaderos, labradores; simplemente, estancia en atmósferas cargadas de estos productos; uso de perfumes y cosméticos hechos con estos productos). Son innumerables las plantas que pueden producirlos, variables en cada país; en el nuestro han sido bien estudiadas por Jiménez Díaz y Sánchez Cuenca.

     3. Ingestión de determinados alimentos, que crean una idiosincrasia alimentaria. Es causa muy frecuente. La hipersensibilidad puede afectar a grupos extensos de alimentos. Es inútil enumerar los posibles alergenos alimentarios, porque todo alimento, por inocente que sea su reputación, puede ser responsable. Los más peligrosos son los huevos, ciertos pescados y crustáceos, ciertas frutas, sobre todo la fresa, los diversos cereales y los productos del cerdo. Es frecuente que el propio enfermo tenga la sospecha de cuál es el alergeno, sobre todo cuando se trata de alimentos no habituales. Se citan casos de apetencia especial o de repugnancia instintiva por el alimento responsable; de todos modos, las impresiones del enfermo a este respecto deben ser muy tenidas en cuenta.

     4. Ingestión de medicamentos. Los más conocidos como alergénicos son la aspirina, el piramidón, las sulfamidas, sales de oro, arsenicales, quinina, morfina, urotropina, efedrina, adrenalina, tiroxina; pero cualquier otro puede ser responsable.

     5. Contacto con sustancias alérgicas, sobre todo plantas, que hipersensibilizan la piel, dando lugar a las dermatosis de contacto (Þ), independientemente de la inhalación del polen. Se observa sobre todo en jardineros.

     6. Inyección de sueros y vacunas. No sólo producen los accidentes séricos (Þ y Þ) sino que sensibilizan para alergenos posteriores. El abuso, absurdo, de sueros y, sobre todo, de vacunas, es una de las causas del enorme aumento actual de las afecciones alérgicas.

     7. Picaduras de insectos y parásitos, principalmente abejas, ciertas moscas y mariposas, chinches o ácaros (el mecanismo puede ser también la inoculación por el rascamiento). Los parásitos intestinales actúan también por inoculación desde la mucosa intestinal; la eosinofilia de los portadores de parásitos es el signo de la alergia, producida de este modo; muchas veces, latente.

     8. Alergias bacterianas. La acción alérgica de las bacterias es indudable. En ellas se fundan las cutirreacciones, de tanto valor para el diagnóstico infeccioso (Þ). El problema de la aparición de síndromes clínicos por alergia bacteriana ha pasado por fases diversas; en la reciente época de hipervalorización de los focos latentes se atribuyó una considerable cantidad de asmas, rinitis, eccemas, etc., a la hipersensibilidad originada en estos focos, y se sacrificaron en consecuencia millares de amígdalas, de dientes, de vesículas y de apéndices, sin razón. Se apoyaba, no obstante, esta concepción en que, en ocasiones, la extirpación del foco curaba radicalmente el fenómeno alérgico y en que las vacunaciones consideradas como específicas podían conducir a alivios muy satisfactorios, sobre todo en el asma y la rinitis. Ha habido después una reacción contraria, basada en el frecuente fracaso de la extirpación focal y de la vacunación y en la negatividad de las cutirreacciones a las bacterias que parecían responsables; los mismos casos de éxito de la vacunoterapia se interpretaban, no en un sentido antialérgico específico, sino por un mecanismo proteinoterápico inespecífico. Hoy se sabe que hay indudables alergias bacterianas, que pueden producir asmas, eccemas, etc., pero no se deben aceptar sin una severa crítica.

     B) Factores coadyuvantes y ocasionales. El modo de obrar estos factores es muy discutible. Algunos de ellos se ha pretendido que no son coadyuvantes, sino directamente productores de la alergia, como las influencias climáticas, que podrían crear una alergia física por modificaciones proteínicas, liberación de histamina en los tejidos u otros mecanismos no claros. Clínicamente, empero, su actuación parece limitarse a revelar estados alérgicos latentes. Algunas de estas causas ocasionales pueden producir el fenómeno clínico por sí solas, independientemente de la alergia; éste es un dato fundamental. Cuando actúan en colaboración con la alergia, la eliminación de la causa ocasional puede bastar para curar clínicamente la enfermedad, aun cuando persista la alergia latente. He aquí las principales causas coadyuvantes del acceso alérgico:

     1. Atmósferas cargadas de polvo o gases irritantes: polvo de la casa o de los caminos; ambiente de yeserías, de fábricas y talleres(por ejemplo, gasolina, sulfuro de carbono, diazometano); olor de cocina (aceite frito); habitaciones recién pintadas, etc. Actúan estas causas, como es natural, sobre las alergias respiratorias (asma, rinitis).

     2. Influencia del clima. Su acción sobre los fenómenos alérgicos, sobre todo los respiratorios, es bien conocida; se achaca esta acción a los cambios de temperatura, al índice de humedad, a la presión barométrica, al régimen de vientos, a la carga eléctrica y a otros factores del clima difíciles de precisar. La mejoría o el empeoramiento del asma por las estaciones o por el cambio de tiempo o por el traslado de un clima a otro es de conocimiento vulgar. En esta acción influyen, desde luego, factores distintos de los puramente climáticos, como la densidad de población, el índice industrial, la distinta vegetación, etc. La influencia climática genuina ofrece, a veces, efectos paradójicos; en el caso del asma, por ejemplo, es lo habitual que los asmáticos, más abundantes en los climas bajos, mejoren al trasladarse a los altos, secos y más puros; pero, en algunos casos, se observa precisamente el hecho inverso. Agentes alérgicos determinados, por ejemplo, la aspiración de un polen, pueden actuar en unos climas y no en otros. Hay, pues, un factor inexplicable, tal vez en parte psíquico, tal vez en relación con los cambios del equilibrio vegetativo y hormonal relacionables con el clima, que hoy empezamos a conocer.

     3. El equilibrio hormonal influye en la alergia, pero ignoramos su mecanismo. Se ha dicho que acaso la constitución hormonal esté ligada a lo más íntimo de la hipersensibilidad. Clínicamente es, a veces, notorio que el equilibrio inestable de los hipersensibilizados puede desencadenarse en el sentido del acceso alérgico por muchas alteraciones endocrinas, como el hipertiroidismo, la insuficiencia paratiroidea y, sobre todo, los trastornos ováricos (menstruación, gravidez, climaterio, etc.); otras influencias endocrinas actúan, por el contrario, impidiendo el acceso, como el ACTH y las hormonas corticales; los accidentes alérgicos son, por el contrario, raros en la insuficiencia suprarrenal.

     4. Las causas psíquicas son factor importantísimo en el desencadenamiento de los accesos de alergia. Su acción es, como la del clima, paradójica: una misma emoción puede desencadenar el acceso o curarle (en un caso mío de una joven con asma, seguramente alérgica, de polen, un gran ataque se desencadenó al oír disputar a sus padres, y se curó instantáneamente con una inyección de agua que creyó era medicina importante); los casos de asma inveterado curados durante la guerra, etc.

     5. Diferentes lesiones y trastornos viscerales pueden desencadenar los accesos alérgicos, y la curación de estas lesiones pueden hacer desaparecer esos accesos: lesiones gástricas, apendiculares, anexiales, sinusales, nasales, etc.; pero, sobre todo, las hepáticas, por la razón más arriba expuesta, probablemente fundamental; el hecho es que muchos estados alérgicos se curan definitivamente con tratamientos hepáticos. El modo de actuar las otras lesiones enumeradas no siempre es claro: puede tratarse de lesiones infectadas, que actúan como focos productores de alergias bacterianas, o de lesiones inflamatorias que facilitan las alteraciones locales de la alergia, como, por ejemplo, lesiones tuberculosas que favorecen la hiperemia bronquial en el asma o las vegetaciones o alteraciones del tabique o cornetes, en las rinitis espasmódicas; o bien pueden estas lesiones ser punto de partida de desequilibrios neurovegetativos que perturban el estado inestable del organismo hipersensibilizado. Cualquiera que sea su mecanismo, este grupo de concausas debe ser severamente investigado.



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