Vómitos en las intoxicaciones endógenas.





Vómitos en las intoxicaciones endógenas:

      A) Uremia. Forman parte de la forma digestiva de la uremia, estudiada en (Þ); pueden ser matutinos o postprandiales; a veces tienen un olor ureico particular. Generalmente indican acidosis.

     B) Acidosis diabética. También matutinos o postprandiales. Es lo común que respondan a la acidosis y que anuncien el coma (Þ), pero existe una gastroparesia diabética con náuseas, vómitos postprandiales y distensión abdominal, sin acidosis, por neuropatía autónoma.

     C) Vómitos cíclicos de los niños. Es frecuente, sobre todo en la segunda infancia, la aparición de vómitos típicos, en plena salud, coincidiendo con acidosis (Þ) y, por tanto, con la formación de gran cantidad de cuerpos cetógenos (acetona, ácido diecético), que se eliminan por la orina y el aire espirado, con olor típico de éste. Estos vómitos, por su intensidad y rebeldía, pueden dar apariencia grave al cuadro clínico; se pueden acompañar de diarrea y fiebre, por lo común moderada. A veces van precedidos de cambios de carácter que sirven a los familiares del niño de anuncio del acceso. Después de algunos días, súbitamente, desaparecen, recobrándose rápidamente el apetito y la normalidad para volver a repetir, con una cierta periodicidad a veces, hasta que el niño se hace adolescente. Dícese que este accidente sobreviene, sobre todo en niños linfáticos, débiles, alimentados con exceso de grasas, etcétera; pero muchas veces se observa en los niños de sanidad más lograda. Seguramente intervienen en su producción la insuficiencia hepática, por lo común en relación con un estado de hipoglucogenia por debilidad hepática constitucional (Þ), pues los signos de ésta se pueden recoger en muchos de esos niños o en sus familiares. Aparecen las crisis espontáneamente o inducidas por accidentes dentarios, indigestiones, abusos de medicamentos, comienzo de erupciones, etc. Pero hoy domina el criterio de que la acetona es la consecuencia y no la causa de los vómitos: equivale a la cetosis de ayuno, por una dieta mal planteada con carencia de carbohidratos y exceso de lípidos. Pueden confundirse con otros procesos agudos de los niños, singularmente con la apendicitis, sobre todo teniendo en cuenta que los vómitos abundantes de cualquier otro origen, como los mismos apendiculares, pueden producir acidosis en los niños; pero se diferenciarán de la apendicitis en que, en el vómito cíclico, faltan los síntomas locales, los vómitos son mucho más violentos, la fiebre ausente o moderada, no hay leucocitosis progresiva y la curación se logra, por lo común, rápidamente, con suero glucosado. Otras veces hay síntomas que recuerdan a los meningíticos y pueden inducir a este error: véase sobre este diagnóstico, (Þ). Otras veces predomina el delirio o la somnolencia y el coma (Þ). Puede haber alucinaciones (Þ).

     Una variedad de esta misma enfermedad es la observada en niños lactantes, en las altiplanicies, como la de Bogotá (Torres Umaña), por acidosis cetónica, con coma mortal e hiperleucocitosis; sin duda, hay que pensar en una infección provocadora.

     D) Vómitos en el choque operatorio. Son también, muchas veces, de naturaleza acidósica, apareciendo en las horas que siguen a la intervención quirúrgica. Su interés clínico deriva de la posible confusión con un síndrome peritoneal postoperatorio (Þ).



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