Ulceraciones de la lengua.





Ulceraciones de la lengua.  El problema de diagnóstico de mayor responsabilidad para el clínico en la semiología de la lengua lo plantean las úlceras:

     A) Lo primero que se debe eliminar es la posibilidad de una ulceración traumática, que puede permanecer aislada o acompañarse de glositis. Las formas más frecuentes son:

     1. La ulceración dentaria, cuya relación con un diente roto o cariado es evidente casi siempre; a veces, puede pasar inadvertida al enfermo. Estas ulceraciones pueden tener una base indurada que se presta a confusión con el chancro.

     2. Ulceraciones provocadas por la tos; son frecuentes, sobre todo en los niños con tos ferina; afectan principalmente a la cara inferior de la lengua, en la superficie de roce con los incisivos inferiores. Estas ulceraciones pueden transformarse en verdaderos granulomas crónicos (Riga).

     3. Ulceraciones por mordedura de la lengua en los epilépticos; son inconfundibles y pueden tener valor decisivo para el diagnóstico.

     4. Otros traumatismos, como heridas con un cuchillo al comer, con aparatos de los dentistas, por picaduras de insecto, etc.: son siempre fáciles de interpretar.

     B) Hay que observar también la posibilidad de que las úlceras de la lengua sean parte de una estomatitis ulcerosa, aftosa, etc. (Þ). Así en la glositis pelagrosa ya citada.

     C) Ulceraciones sifilíticas. Pueden aparecer en los tres períodos de la enfermedad:

     1. En la fase primaria, el chancro puede aparecer en la lengua, aunque raramente; con mayor frecuencia en el hombre que en la mujer; generalmente, en la punta. Aparece como una erosión más que una úlcera, redondeada, rosada o gris, única, indolora, con la base indurada (aunque menos que el chancro del pene) y con adenopatía, que puede ser voluminosa en relación con la pequeñez de la lesión lingual. La rareza de esta lesión y su poca sintomatología pueden hacer que se confunda con una ulceración banal. Los antecedentes, el suerodiagnóstico y la investigación directa de los treponemas de la erosión, deben recogerse a la menor duda.

     2. En el período secundario aparecen las lesiones en forma de placas más o menos erosivas, raramente ulcerosas, múltiples, sin base indurada, sin adenopatías; redondeadas, de color blanco-opalino, difteroide, y de borde sin relieve, de color más rojo. Para el médico general, estas lesiones deben siempre hacer sospechar la sífilis, induciendo a los análisis complementarios.

     3. Las sesiones terciarias se presentan bajo la forma de ulceración esclerogomosa, que aparece sobre una lengua dura, irregular, nodular, indolora, sin adenopatías (a no ser que haya infección secundaria de la lesión), con bordes a pico característicos. Otras veces se trata de un goma aislado, profundo, duro, que se ulcera, se fistuliza y luego se vacía, dejando una cavidad redondeada, honda, de bordes verticales, rojos, duros y de superficie desigual, indolora, cubierta de una película amarillenta, poco sangrante, sin ganglios. Si se infecta, puede haber dolor, además de las adenopatías. Con frecuencia asientan estas lesiones sobre las placas de leucoplasia; y entonces es particularmente difícil su distinción del epitelioma, sobre todo porque éste puede aparecer, secundariamente, sobre lesiones sifilíticas; un tratamiento antisifilítico intenso elimina seguramente las lesiones sifilíticas y permite aclarar el diagnóstico.

     D) El cáncer de la lengua y regiones vecinas, generalmente epitelioma, suele aparecer después de los cincuenta años; rara vez antes de los cuarenta y cinco; casi siempre en hombres; pero como en todo problema de cáncer, el dato de la edad no se debe tomar al pie de la letra, ya que, aunque excepcionalmente, hay casos juveniles.

     1. Aparece en cualquier sitio de la lengua: parte anterior o posterior del dorso, bordes, cara inferior. Su relación con la leucoplasia ha sido ya señalada; toda leucoplasia, cuando se hace dolorosa o se indura o se fisura, debe ser inmediatamente biopsiada. La ulceración epitelial es de curso lento, irregular, de fondo vegetante, fácilmente hemorrágico, indurada como la sifilítica, a veces, más; y acompañada de ganglios que, durante largo tiempo, pueden ser muy escasos y discretos, debiendo buscarse con gran cuidado en los diferentes grupos, incluso las regiones carotídea y supraclavicular. Puede el epitelioma no ser superficial, palpándose en la masa de la lengua, generalmente en la base, como un núcleo duro, indoloro. Es muy típica la dificultad del enfermo para sacar la lengua. El internista debe sospechar precozmente el posible cáncer recurriendo a la biopsia; sólo ésta aclara el diagnóstico precoz y ciertos diagnósticos diferenciales de gran compromiso.

    2. Una dificultad especial puede presentar el diagnóstico precoz del cáncer del surco amigdalogloso, que se manifiesta, durante bastante tiempo, por una úlcera pequeña, superficial, con otalgia, sialorrea, trismo y adenopatías.

     3. Citaré el cáncer del suelo de la boca, al que corresponden un 15 por 100 de los cánceres de toda la cavidad bucal; es, generalmente, un epitelioma espinocelular, con adenopatías tardías y con muy poca relación etiológica con leucoplasia y sífilis.

     E) Úlceras tuberculosas. Se trata de úlceras extensas, irregulares, de bordes despegados, de color lívido, de fondo granuloso y, a veces, caseoso, sin base indurada, muy dolorosas, casi siempre con ganglios; en ocasiones, pequeños tubérculos o ulceraciones miliares rodean a la lesión principal. En teoría, estos caracteres la diferencian bien de las úlceras sifilíticas o cancerosas; en la práctica, la duda es mucho más difícil de resolver. El dato más importante es la coexistencia de lesiones tuberculosas pulmonares avanzadas. Generalmente se presenta en jóvenes; pero, a veces, una úlcera tuberculosa puede aparecer en individuos de más de cuarenta años, sifilíticos y leucoplásicos.

     F) Ulceraciones actinomicósicas. Son muy raras; he visto un solo caso acompañado de lesión típica del cuello. Cuando se presenta aislada, el diagnóstico es difícil. En los casos netos, la fístula crónica, el pus con esférulas amarillas, el buen efecto del yoduro y de la radioterapia permiten la clasificación (Þ).

     G) Úlceras en la tifoidea. Sobre todo antes de la antibiótica en las formas graves, adinámicas, especialmente localizadas en el borde lateral de la lengua, únicas o múltiples, a veces profundas.

     H) En el eritema exudativo multiforme de Stevens-Johnson o ectodermosis erosiva pluriorificialde Fiessinger, en el que las úlceras linguales y la estomatitis se asocian a una erupción cutánea y a conjuntivitis, rinitis, uretritis, anusitis, balanitis o vaginitis.

     I) También aftas recurrentes, en el síndrome de Behçet, acompañados de úlceras en genitales, uveítis y a veces tromboflebitis y poliartritis.

     J) Úlceras hemopáticas, necróticas, en la agranulocitosis, afectando también al paladar, amígdalas, encías, faringe. Son de color amarillento, sin reacción inflamatoria, y fétidas. También las leucemias agudas presentan lesiones ulcero-necróticas y hemorragias orales.



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