Tumores vesicales.





Tumores vesicales.  Su síntoma denunciador es casi siempre la hematuria (Þ). Cuando en la edad del cáncer aparece esta hematuria, sin otros síntomas, se debe pensar en el cáncer y requerir la exploración del especialista, sin la que es imposible el diagnóstico, en tiempo útil. La polaquiuria, la piuria y el dolor pueden tardar mucho tiempo en aparecer; o pueden no aparecer nunca, en tumores circunscritos y benignos, como los papilomatosos. El tenesmo puede ser precoz en tumores que afectan al cuello, como carcinomas infiltrantes o tumores pediculados, próximos al cuello. Salvo estos casos, el síndrome vesical completo aparece tardíamente, cuando sobreviene la cistitis secundaria; a veces con retención grave, dilatación del uréter y pielitis o pielonefritis. La palpación rectal permite comprobar el tumor si éste asienta en la base de la vejiga; o bien, la rigidez de la pared vesical en el carcinoma infiltrante. La propagación al recto, con síndrome rectal (Þ), puede ser muy precoz; o bien tardía, sin interés diagnóstico. Una complicación rara, que puede ser precoz, es la obstrucción de un uréter si el tumor asienta en la proximidad de su desembocadura, con síndrome de hidronefrosis. En algunos casos, el cáncer vesical es propagación de otros cánceres vecinos (del recto, del útero); o que se desarrollan en vejigas previamente enfermas, principalmente calculosas.

     Hay que distinguir los tumores benignos (papilomas) y los malignos. Esta diferenciación sólo puede presumirla el clínico: la realiza el especialista y, a veces, sólo el histólogo.

     A) Tumores benignos (papilomas). Acaecen en cualquier edad. Se manifiestan por hematurias inexplicables, «esenciales», sin trastornos urinarios (salvo los casos en que el papiloma asienta en el cuello vesical); con buen estado general. Sólo la cistoscopia y la extirpación y biopsia permiten el diagnóstico exacto.

     B) Tumores malignos. Aparecen en la edad madura o involutiva y se denuncian al principio sólo por hematuria. Los síntomas propiamente urinarios vienen más tarde y dependen ya de la localización del tumor, ya de una cistitis secundaria. Después aún, surgen los síntomas generales: caquexia, propagación a los órganos vecinos.

     1. Carcinoma infiltrante. Da lugar, rápidamente, a polaquiuria. El tacto rectal descubre la rigidez de la pared infiltrada. Sobrevienen luego los dolores, caquexia, etc.

     2. Carcinoma pediculado. Produce hematurias, pero no síntomas urinarios; a menos que obstruya el orificio interno de la uretra o de un uréter.



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