Tromboflebitis infecciosa.





Tromboflebitis infecciosa.  Constituye la casuística más numerosa:

     A) Las más importantes son las tromboflebitis de la vena iliaca y de la femoral, en las septicemias gravídicas (la clásica flegmasía alba dolens post partum), que puede aparecer no sólo en partos francamente sépticos, sino después de infecciones puerperales muy leves, casi inadvertidas, indicando entonces una vulnerabilidad especial del sistema venoso, un trastorno de la coagulación, etc. La pierna, en la forma típica, aparece uniformemente hinchada, sin enrojecimiento, dolorosa, con febrícula o fiebre alta. Pueden estos síntomas ser muy poco marcados, o limitarse a las venas pélvicas, expresados por ligero dolor y edema en la ingle y febrícula o fiebre; en todo parto seguido de hipertermia prolongada, alta o baja, debe sospecharse una de estas tromboflebitis inaparentes. La importancia de su diagnóstico estriba en la posibilidad de accidentes graves: embolia (Þ), tromboflebitis cerebral (Þ). La estancia muy prolongada en la cama puede favorecer la acción de estas pequeñas infecciones; he visto un caso de flebitis post partum, sin infección aparente, salvo un foco séptico dentario, que repitió en cuatro embarazos sucesivos, en una mujer neurótica que, por miedo a abortar, pasaba los nueve meses del embarazo en cama; obligada a hacer ejercicio, por un cambio de fortuna, en los dos embarazos siguientes, la flebitis no se presentó. Estas flebitis puerperales, aparentemente curadas, pueden recidivar, atenuadamente, en el climaterio. En la flegmasía coerulea dolens  la piel es cianótica y el edema muy tenso; se debe al compromiso flebítico del sistema superficial, profundo y de las comunicantes, con supresión del pulso arterial por la compresión edematosa, pudiendo llegar a la gangrena distal.

     B) En todas las infecciones crónicas o agudas de la pelvis, o en las infecciones postoperatorias, pueden igualmente aparecer la tromboflebitis; sobre todo en procesos inflamatorios del intestino y del apéndice, de los órganos genitales de la mujer y de la próstata se presentan, en ocasiones, las tromboflebitis de la iliaca o de la femoral o de la porta (pileflebitis). Los signos de la pileflebitis son: escalofríos, fiebre séptica, muchas veces síntomas de pioemia grave, y, a la vez, los signos de hipertensión portal: varices esofágicas, esplenomegalia, excepcionalmente ascitis, hemorragias intestinal o gástrica, etc. (Þ); más raramente, absceso hepático (Þ). Eventualmente, síntomas de colapso. En los casos agudos, el síndrome de hipertensión portal no tiene tiempo de producirse; hay, pues, sólo síntomas infecciosos, la tendencia al colapso y, si acaso, hemorragias intestinales. Todo ello subsiguiendo a la enfermedad intestinal o apendicular, etc., suele hacer fácil el diagnóstico; la dificultad es mayor cuando el proceso inicial evoluciona solapadamente. Sobre la tromboflebitis de la vena esplénica, (Þ). La hiperesplenia con pancitopenia es tardía.

     C) En diversas enfermedades infecciosas generales (tifoidea, tifus exantemático, gripe, pulmonía, erisipela, amibiasis, paperas, diversas septicemias, gonococia, linfogranulomatosis venérea, etc.), se producen, a veces, tromboflebitis, sobre todo en la convalecencia, que afectan, ya a la femoral o a otra vena fácilmente reconocible, ya a las venas abdominales o pélvicas, siendo entonces frecuente que la flebitis no se diagnostique y su fiebre se interprete como una recaída; en ocasiones, la súbita aparición de una embolia indica, trágicamente, el verdadero diagnóstico.

     D) Los focos sépticos latentes (mastoideos, dentarios, faríngeos, etc.), y también los de origen tuberculoso, pueden originar tromboflebitis leves, latentes, repetidas, inadvertidas, que pueden ser origen de embolias en apariencia inexplicables.

     El cáncer infectado puede ser origen de tromboflebitis; no es rara, por ejemplo, la flebitis subcutánea de la región mamaria (Mondar) originada en carcinomas de la mama o en otras lesiones infectadas de la pared torácica o por causa desconocida, que aparece como una cuerda dolorosa que atraviesa desde el cuadrante inferior interno de la mama al epigastrio. Estas infecciones latentes explican, por lo menos en parte, las llamadas flebitis recidivantes y emigrantes, en las que accesos de inflamación en la misma vena o en venas distintas se suceden de tiempo en tiempo sin causa explicable, durando cada acceso dos o tres semanas (en algunos casos puede plantearse el diagnóstico diferencial con la arteritis nudosa): (Þ). Otras veces, la tromboflebitis recidiva, después de una aparente curación, por la influencia de traumatismos o de ejercicios excesivos. En algunos casos he visto coincidir estas flebitis de repetición con poliserositis. Hay casos en los que no se descubre la causa de las recidivas.

     Las flebitis de repetición, cualquiera que sea su causa, producen estados de inflamación crónica periflebítica, sobre todo en venas anteriormente varicosas. Esta periflebitis o, mejor, perivaricitis, se manifiesta por tendencia al edema crónico, duro, parestesias, sensación de pesadez o dolores a lo largo de la pierna; en la vena se palpan placas duras, dolorosas a la presión.

     E) La tromboflebitis puede ser consecutiva a heridas infectadas en las piernas, brazos, etcétera (tromboflebitis traumática); muchas veces son tan leves estos traumatismos, que pasan inadvertidos; y hay que buscarlos siempre con gran atención.

     F) En el síndrome de Behçet pueden aparecer brotes tromboflebíticos y en un caso nuestro se manifestó por un síndrome mediastínico caval.



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