Seudohermafroditismo.





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Seudohermafroditismo.  Con este impropio nombre se denominan todavía estados equívocos de los caracteres sexuales primarios y secundarios, aunque no tan completo como el hermafroditismo; es decir, que, con alguna atención, se llega a diagnosticar el sexo verdadero; pero, además, como he dicho, el examen de las gónadas indica, no una mezcla de ambos tejidos gonadales, sino, decididamente, ovarios o testículos, aunque más o menos indiferenciados o degenerados. En realidad, por tanto, la diferencia entre el hermafroditismo y el seudohermafroditismo sólo se puede hacer, por lo menos en muchos de los casos, por el examen histológico de las gónadas. Esta diferencia entre hermafroditismo y seudohermafroditismo es sólo de matiz, pues en los casos más típicos de seudohermafroditismo, aun cuando el tejido gonadal sea aparentemente ovárico o testicular, casi siempre hay elementos del otro sexo. Estos elementos pueden descubrirse, a veces, con un examen histológico muy minucioso: por ejemplo, grupos de células masculinas en el hilio del ovario, como ocurre, normalmente, en ciertas aves y también en la especie humana. En otros casos, puede admitirse que estos tejidos heterosexuales, responsables de la intersexualidad actual, no los encontramos porque han desaparecido ya. También es admisible que tejidos gonadales histológicamente puros puedan elaborar, eventualmente, hormonas del otro sexo (sabemos, por ejemplo, que un testículo normal puede contener cuantiosa foliculina). Finalmente, las glándulas sexuales extragonadales pueden haber sido las responsables de la intersexualidad: por ejemplo, la corteza suprarrenal, en la mujer, es capaz de producir hormonas andrógenas, inductoras del estado intersexual. Otra hipótesis importante es que, durante el período embrionario, las hormonas maternas hayan actuado sobre el organismo del feto, en sentido intersexual, imprimiendo para siempre el carácter equívoco del hijo. En resumen, entre el hermafroditismo y el seudohermafroditismo no existen más que diferencias de grado a veces difíciles de establecer. Clásicamente, el seudohermafroditismo se divide en masculino y femenino, denominaciones que se prestan a confusión, por lo que es preferible hablar de: varón seudohermafrodita o ginandroide y mujer seudohermafrodita o androginoide. No hay que confundir el seudohermafroditismo con la disgenesia gonadal del síndrome de Turner (véase antes).

     A) Varón seudohermafrodita o ginandroide. Se trata de hombres con testículo y con sexo cromosómico masculino, pero con apariencia femenina: pene clitorídeo, hipospadias, a veces vagina rudimentaria, criptorquidia abdominal o inguinal y entonces bolsas plegadas en forma de vulva, vello sexual feminoide, ginecomastia, proporciones esqueléticas feminoides, etc., pero falta el útero y, por lo general, el vello axilar está ausente y escaso el pubiano («hairless women»). Todos estos caracteres pueden presentarse reunidos o en grupos. Es, por ejemplo, frecuente el que sólo exista la apariencia feminoide de los órganos genitales, conservándose normalmente viril el resto del organismo. Aún con mayor frecuencia que en el hermafroditismo verdadero, suele observarse en estos varones ginandroides una evolución hacia la virilidad, es decir, una atenuación del aspecto equivoco a medida que avanzan en edad: de pequeños, su sexo era dudoso; en la madurez, ya no lo es. Los casos permanentes suelen corresponder al cuadro llamado feminización testicular, en el que existe probablemente insensibilidad tisular frente a los andrógenos y conversión periférica conservada de la testosterona en estrógenos. El sexo cromosómico y el cariotipo son masculinos (síndrome de Morris).

     B) Mujer seudohermafrodita o androginoide. Se trata de mujeres con ovario, pero con apariencia masculina: clítoris peniforme, gran desarrollo piloso en el tronco, miembros y cara, voz viril, carácter enérgico, etc. Es frecuente que esta virilización morfológica coincida con mamas bien desarrolladas. Esta virilización suele acentuarse con la edad, de suerte que, a diferencia de los ginandroides, la confusión sexual se afirma al evolucionar. Se debe casi siempre esta alteración a estados de hiperplasia de la corteza suprarrenal.



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