Ruidos del oído





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VIII. Ruidos del oído Calcificación del cartílago.

     Buena parte de las lesiones que producen sordera dan lugar también al ruido de oídos (Þ). Sin embargo, no todas las lesiones del oído externo o interno o del nervio acústico que dan lugar a la sordera ocasionan a la vez el ruido; y éste, por su parte, se presenta, en muchas ocasiones, precediendo durante bastante tiempo a la sordera, aun la más inicial. La intensidad de ambos síntomas cuando coinciden, tampoco es siempre paralela. Por ejemplo, en la otosclerosis, que es la causa más frecuente del ruido de oídos, éste puede ser mucho más marcado que la sordera. Lo mismo ocurre en los tumores y otras lesiones del nervio acústico, etc. En bastantes casos de otosclerosis, al hacerse completa la sordera, el ruido se atenúa o desaparece; en otros casos persiste.

     El ruido acompaña a la sordera de las personas maduras o viejas; es excepcional en los jóvenes y rarísimo en los niños. Probablemente se debe esto a la intervención que los fenómenos de esclerosis, más acentuados a medida que la edad aumenta, tienen en la patogenia del ruido; también a que el hueso denso de los viejos transmite mejor el ruido que el hueso juvenil; y, por fin, porque en el viejo la endolinfa es menos estable que en el joven.
     El ruido de oídos afecta las variedades de zumbido, chirrido, pitido agudo o grave, ruido de timbre, escape de vapor, chasquido, pequeñas explosiones, sensación de latido (v. más abajo), etc. En general, los zumbidos agudos se originan en el oído interno y los ruidos graves suelen proceder del oído externo o medio. Puede ser continuo o intermitente. La intensidad es variable; a veces tan grande, que impulsa a los enfermos a los mayores extremos de desesperación. Puede aliviarse o, por el contrario, aumentar en el silencio o, a la inversa, en los ambientes ruidosos. Es mucho más frecuente que lo alivie el ruido. La distracción (trabajo, lectura, espectáculos, etcétera) suele disminuirlo. Los estados de ánimo depresivos lo aumentan. Muchos enfermos acaban por soportarlo bien, aun cuando aseguran que no ha disminuido su intensidad. El factor psíquico juega un papel muy importante en el síntoma, y a veces es muy difícil diferenciar lo que hay en el ruido de orgánico y lo que hay de alucinatorio (Þ). La trascendencia del factor psíquico nos explica el que, unas veces, se alivie por remedios inocentes, y otras no se mejore por tratamientos intensos, como la destrucción del oído interno, la sección del nervio acústico o la ligadura de la carótida interna.

     El clínico, ante un enfermo con ruido de oídos, pasará revista a todas las causas expuestas en la sordera:
     I. Investigará primero la existencia de conglomerados de cerumen; inflamaciones, tumores o cuerpos extraños del conducto auditivo externo; otitis media crónica, supurada o seca; otosclerosis (Þ), que es la causa más frecuente; laberintitis sifilítica o de otras etiologías; lesiones del nervio acústico (incluido el neurinoma que se manifiesta por zumbidos y sordera unilateral antes de la semiología neurológica); intoxicaciones (quinina, salicilatos, estreptomicina, anestésicos); anemias graves y leucemia; esclerosis en placas. Climaterio, con sofocos.

     II. Es posible que estados reumáticos o gotosos de los huesecillos del oído puedan ser causa de ruidos; pues, en efecto, se presentan, aunque raramente, coincidiendo con otras manifestaciones reumáticas.

     III. El ruido de oídos puede producirse, de un modo eventual, por influencias atmosféricas (aeroplano, alpinismo, etc.). En los aviadores puede hacerse permanente, acompañado de sordera y dolorimiento, constituyendo una verdadera enfermedad profesional, en cuya génesis interviene, con la altitud, el ruido del motor. También en telefonistas, soldadores, etc., pueden observarse ruidos de oído profesionales.

     IV. Varios estados circulatorios influyen en la producción de ciertos ruidos de oído: hipertensión arterial, arteriosclerosis, insuficiencia aórtica, trastornos vasomotores (por ejemplo, muy frecuentemente, los sofocos de las mujeres climatéricas): (Þ), y es muy común que enfermos nerviosos den una trascendencia exagerada a estos fenómenos, que interpretan como indicio de graves alteraciones. Mi experiencia es que estos ruidos circulatorios no tienen ningún significado patológico especial, y son sólo una variedad más de este síndrome.

     En las lesiones de la carótida interna, con estenosis, aneurisma o fístula arteriovenosa, el enfermo percibe zumbido de oídos y el médico comprueba, por auscultación, un soplo sincrónico con el pulso. También son pulsátiles subjetivamente los zumbidos de origen circulatorio.

     V. En sujetos neurópatas o psicópatas hay que someter a una crítica especial los ruidos de que, a veces, se quejan, pues pueden ser puras alucinaciones o, por lo menos, estar enormemente aumentados por el estado nervioso, sobre una base lesional pequeña.

Alucinaciones auditivas se observan en las lesiones del lóbulo temporal (epilepsia o neoplasias, etc.).

     VI. En la insolación aguda, por edema cerebral, junto a síntomas de irritación meníngea.

     VII. En la policitemia vera.



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