Radiculalgias, radiculitis, síndrome radicular.





Radiculalgias, radiculitis, síndrome radicular.  La inflamación o la compresión de las raíces medulares da lugar a un síndrome sensitivomotor (radiculitis) a veces reducido exclusivamente al dolor (radiculalgia). Ya he comentado, al hablar de neuritis y neuralgias, y ahora lo repito, la arbitrariedad de esta distinción. He hecho también (Þ) las reservas oportunas sobre la dificultad de diferenciar el síndrome radicular del poliomielítico, por una parte, y, por otra, del polineurítico. Una noción del mayor interés es la estrecha relación de las raíces nerviosas con las meninges; las raíces, desde su punto de emergencia de la médula hasta su fusión para formar el nervio correspondiente, están rodeadas de una prolongación de la aracnoides y de una prolongación de la piamadre, que se fusionará con el neurilema; por tanto, las raíces están en contacto íntimo con las meninges y bañadas por el líquido cefalorraquídeo; de aquí la estrecha relación entre meningitis y radiculitis y el hecho de que la radiculitis se acompañe de una reacción del líquido cefalorraquídeo, que es una de las grandes diferencias con la polineuritis; los procesos infecciosos se localizan fácil y tenazmente en estas prolongaciones perirradiculares de la cavidad raquídea, sobre todo en las raíces posteriores, constituyendo una gran dificultad para los tratamientos.

     La radiculitis, en los casos típicos, se caracteriza por los síntomas siguientes: trastornos sensitivos, subjetivos, es decir, la radiculalgia: dolor vivo, fulgurante, paroxístico, superficial, espontáneo o provocado por los movimientos de la columna vertebral, por la tos y el estornudo; estos dolores, desde su punto de partida paravertebral, se irradia, por el tronco, en forma de cinturón, que, en algún caso, han inducido al error de pensar en lesiones abdominales agudas (Þ), y por los miembros, a lo largo de éstos, casi siempre bilateralmente; se acompañan, a veces, de parestesias, que pueden persistir en los intervalos de los dolores; hay, además, hipoestesias o anestesias o hiperestesias, de típica distribución en bandas, transversales en el tronco y longitudinales en los miembros; son más raras que los dolores (Þ). Los trastornos motores son menos frecuentes que los sensitivos y, en todo caso, no se presentan nunca solos, sino acompañados de éstos; consisten en paresia o parálisis flácida, que afecta a los músculos de las raíces lesionadas; estos músculos paralizados tienen una distribución, radicular, peculiar, cuyo estudio detallado debe hacerse con los esquemas delante. Cada raíz anterior contribuye a la formación de varios nervios y, por tanto, inerva a varios grupos musculares. Estas parálisis no se superponen a los trastornos sensitivos; se acompañan de atrofia muscular, generalmente precoz, sin contracciones fibrilares. Afectan el tipo monopléjico o dipléjico superior o parapléjico (Þ). Los reflejos tendinosos, tal vez exaltados al principio, están disminuidos o abolidos después. Puede haber trastornos tróficos (edema, cianosis, etc.); no hay trastornos de los esfínteres; reacción de degeneración, positiva; alteraciones de la cronaxia. Ya he comentado la importancia de la alteración del líquido cefalorraquídeo (hiperalbuminosis y linfocitosis).

     Las radiculitis pueden asentar en todas las alturas de la columna vertebral. La más frecuente es la lumbosacra, principalmente sensitiva, que afecta a las raíces quinta lumbar y primera y segunda sacras, dando lugar a la ciática (Þ); o bien a las raíces segunda, tercera y cuarta lumbares, dando lugar a la neuralgia crural (Þ). Es también muy frecuente la radiculitis braquial, cuando se afectan las raíces quinta, sexta, séptima y octava cervicales, dando lugar a la neuralgia cervicobraquial (Þ); la radiculitis de las primeras cervicales origina la neuralgia suboccipital (Þ); la radiculitis dorsal, las neuralgias intercostales (Þ). Las lesiones de la cola de caballo son, en gran parte, radiculares (Þ). Ciertas escuelas distinguen, como se ha dicho, las radiculitis propiamente dichas de las ganglionitis, funiculitis, plexitis y neuritis troncular y neuritis periférica: ya he criticado esta distinción (Þ).

     Las formas etiológicas principales de la radiculitis son:

     A) Radiculitis infecciosas. Son las más frecuentes, gracias a las relaciones de las raíces con las meninges, ya explicadas. Trátase casi siempre, de meningorradiculitis, con ligera reacción del líquido cefalorraquídeo; pero hay también casos puros, de radiculitis sin meningitis, ya por una lesión descendente, desde la médula (poliomielitis, encefalitis epidémica), ya por una lesión ascendente, desde los nervios periféricos, sin reacción del líquido:

     1. La infección más importante es la sífilis, responsable antes de un 60 por 100 de las radiculitis. La tabes dorsal en su comienzo, es una polirradiculitis sifilítica, y en tal fase puede persistir largo tiempo, dando lugar a crisis viscerales dolorosas (Þ) y a los clásicos dolores fulgurantes tabéticos, que en muchos casos son, durante largo tiempo, el único síntoma subjetivo de la enfermedad y no rara vez atribuidos a las más diversas causas: reumáticas, etc. Son el prototipo del dolor radicular; sobrevienen por crisis, ya sin causa, ya por cansancio, enfriamiento, etc.; son breves, violentos, como una descarga eléctrica, de donde su nombre. En algunos enfermos son menos intensos y más largos; menos característicos. Generalmente afectan a los miembros inferiores, pero pueden aparecer también en los superiores o en la cara. Otros síntomas: (Þ).

     2. Después de la sífilis deben citarse como causa de radiculitis: la tuberculosis (generalmente por paquimeningitis); las septicemias estreptocócicas o de otros gérmenes: los focos sépticos latentes, la encefalitis epidémica, la gripe, melitococia, meningococia, gonococia, tifoidea, etcétera.

     3. Hay radiculitis por virus neurotropos no bien determinados que impropiamente se diagnostican de esenciales. En este grupo pueden citarse las radiculitis del herpes zona o, más bien, radiculoganglionitis, muy dolorosas; y la forma dolorosa de la esclerosis en placas, que es una polirradiculitis.

     B) Radiculitis por lesiones de la columna vertebral. Son las mismas enumeradas al estudiar la ciática (Þ).

     C) Tumores medulares y encefalíticos. Los tumores de la médula pueden producir radiculitis, bien por invasión cancerosa de las raíces, bien porque el aumento de tensión del líquido cefalorraquídeo comprima aquéllas. Esta compresión puede observarse también, aunque raramente, en casos de tumor encefálico con gran hipertensión craneal.

     D) El clínico no debe olvidar la posibilidad de radiculalgias por persistencia en el conducto raquídeo de sustancias de contraste inyectadas con fines, casi siempre, diagnósticos; por ejemplo, en las presuntas hernias discales.



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