Parálisis del simpático ocular.





A la parálisis del simpático ocular.  La vía oculopupilar se engendra en el centro cilioespinal de la médula, entre el octavo segmento cervical y los dos primeros dorsales; gana por los ramicomunicantes del I y II pares dorsales el ganglio estelar (es decir, la reunión del dorsal superior con el cervical inferior), y asciende, a lo largo del simpático cervical acompañando a la carótida interna y luego en el seno de la rama oftálmica del trigémino hasta el ojo. Las fibras iridodilatadoras parten del hipotálamo y descienden por el pedúnculo cerebral, protuberancia y segmento lateral del bulbo hasta el centro cilioespinal. Las lesiones en cualquier parte de este trayecto producen el enoftalmos, asociado a la ptosis palpebral, a la miosis, a la blandura del globo ocular; pero no siempre aparecen todos los elementos de este síndrome de Claudio Bernard-Horner pudiendo faltar uno o dos (por ejemplo, la ptosis y la miosis). Otros síntomas menos constantes —congestión de la piel de la cabeza y cara; anhidrosis o hiperhidrosis; atrofia de la mitad de la cara; trastornos de salivación y el lagrimeo; pérdida del brillo del cabello o canicie—. Salvo casos excepcionales, este síndrome es unilateral, del mismo lado de la lesión. Las lesiones que pueden producirle son:

     A) Lesiones del sector medular correspondiente al centro ciliar (compresión medular, tumores) reblandecimiento, siringomielia, etc.).

     B) Lesiones de los ramicomunicantes; del ganglio estelar; del ganglio cervical medio; del cervical superior; del trayecto del cordón del simpático cervical. Estas lesiones pueden ser:

     1. Rara vez, traumáticas. Así en el síndrome de Dejerine-Klumpke o parálisis inferior del plexo braquial, de origen obstétrico o por caídas agarrándose con la mano para sostenerse. A veces quirúrgicas: tiroidectomías, etc.

     2. Casi siempre, mediastinitis o tumores del mediastino posterior, y cuyas posibles causas serán revisadas por el clínico: (Þ). Por ejemplo en carcinomas esofágicos, adenopatías, aneurismas del cayado aórtico.
     3. En algunos casos de esclerosis pulmonar, de pleuritis o tuberculosis apical, de pleuritis mediastínica.

     4. En los tumores del vértice pulmonar (Pancoast) (Þ).

     5. Tumores nerviosos del cuello: (Þ). Bocio, adenitis tuberculosas o neoplásicas.

     6. Cervicartrosis unco-vertebral.

     7. En la oclusión de la carótida interna, inconstantemente; o en estenosis o aneurismas de la misma, tal vez por lesión hipotalámica más que por isquemia del simpático periadventicial.

     8. Durante la crisis de la cefalea histamínica o neuralgia migrañosa periódica («cluster Pheadache»).

     9. Por la existencia de costillas cervicales.

     10. En el síndrome del escaleno.

     C) En lesiones encefálicas que afectan a los centros simpáticos del encéfalo. Son, principalmente, las siguientes:

     1. Ciertos síndromes bulbares, como el de Babinski-Nageotte: (Þ). En el síndrome de Wallenberg, infarto bulbar por trombosis de la arteria cerebelosa posterior inferior.

     2. En casos de embolia de la arteria cerebelosa superior, con hemiplejía cerebelosa.

     3. Ciertos síndromes hipotalámicos: (Þ).

     4. Después de algunas intervenciones quirúrgicas, entre ellas la alcoholización del ganglio de Gasser, en la neuralgia del trigémino o tras la anestesia periamigdalina en las amigdalectomías, acompañando al síndrome de Horner otros síntomas de afectación del XI par craneal y I y II cervicales (rotación del mentón hacia el lado opuesto; caída de la cabeza hacia atrás; vasodilatación conjuntival, etc.) (Azcona).

     5. En la esclerosis en placas.



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