Nódulos reumáticos.





Nódulos reumáticos.  Estudio aquí los nódulos que aparecen en los procesos reumáticos, infecciosos o no. Hay que distinguir los del reumatismo cardioarticular agudo, los de las artropatías crónicas infecciosas y los de las artropatías crónicas deformantes; los tofos gotosos se estudiarán después:

     A) Fiebre reumática (reumatismo poliarticular agudo). Los nódulos subcutáneos en esta enfermedad son raros. Aparecen, sobre todo, en el niño. Hay que buscarlos cuidadosamente, es cierto; pero, así y todo, los he visto muy pocas veces en mi copioso material. Son duros, subcutáneos, de 1 a 10 milímetros; aparecen y desaparecen, por brotes, en la superficie de extensión de las articulaciones, principalmente en los codos, manos, rodillas o tobillos; o en los huesos planos (omóplato, cráneo, rótula). Indican mal pronóstico. No tienen gran interés diagnóstico. No deben confundirse con el eritema nudoso (Þ) que puede observarse también en esta enfermedad.

     B) En la artritis reumatoide se encuentran también nódulos subcutáneos, inconstantemente: en el codo, en la cresta de la tibia o junto a inserciones tendinosas en los dedos, etc.

     C) Reumatismo crónico infeccioso. No más que en el 4 por 100, aproximadamente, de los casos de esta enfermedad, ya sea debida a infecciones generales (principalmente la gonococia), ya a infecciones focales, aparecen ciertos nódulos duros, movibles, del tamaño de un cañamón o algo mayores, en las proximidades de las articulaciones afectadas. Alguna vez pueden localizarse en las orejas, simulando pequeños tofos. No tienen interés diagnóstico.

     D) Reumatismo crónico deformante. En esta enfermedad son muy frecuentes los típicos nódulos de Heberden y de Bouchard (Þ). Su interpretación, antes frecuente, como tofos gotosos, es hoy inadmisible: se trata de manifestaciones de artrosis (osteoartritis).

     E) Quistes de origen sinovial (ganglión). Los cito aquí, aun cuando no son verdaderos nódulos, porque pueden confundirse con éstos. Aparecen en algunos reumatismos crónicos, sobre todo de origen infeccioso, pero también, a veces, en no reumáticos, en el dorso de las articulaciones, sobre todo en la segunda y tercera de los dedos de las manos y los pies. Su análisis demuestra que se trata de quistes de origen sinovial, que pueden estar muy endurecidos. Su tamaño varía espontáneamente.



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