Nódulos de origen metabólico.





Nódulos de origen metabólico.  Forman un capítulo interesante:

     A) Tofos. Hay que distinguir los úricos y los calcáreos y oxálicos.

     1. Los tofos úricos son depósitos de ácido úrico, y, a veces, de lipoides, típicos de la gota genuina. Asientan en el borde de las articulaciones, sobre todo en los dedos de la mano (generalmente no en la extremidad del dedo) y del pie y en el codo, en torno del olécranon. No son simétricos. Su tamaño es variable, generalmente, entre un cañamón y una lenteja, pero pueden ser enormes, hasta del tamaño de una ciruela y una naranja. Con mucha frecuencia se presentan también en el borde de la oreja (Þ), acaso sin ningún otro síntoma gotoso. Su interés diagnóstico es muy grande. Su consistencia es menos dura que la del hueso vecino, elástica y a veces blanda y granujienta. Cuando son muy voluminosos, la piel está distendida, lustrosa, enrojecida, inflamada y a veces ulcerada, dando salida a una materia granujienta; estas úlceras gotosas se infectan fácilmente. Otras veces son transparentes, como una gota de resina. Cuando coinciden con una historia de gota, su diagnóstico es sencillo. El tofo, a su vez, ayuda poderosamente al diagnóstico de la gota. La radiografía es muy útil, pues con frecuencia proporciona imágenes que, en contra de otros autores, creo son muy típicas, mostrando en el hueso una muesca que corresponde a la periferia del tofo.

     2. La gota cálcica y la oxálica son raras, pero pueden dar lugar a formaciones semejantes a los tofos úricos (Þ).

     B) Calcinosis de la piel. En condiciones patogénicas mal conocidas (tal vez en relación con trastornos paratiroideos) pueden producirse depósitos nodulares calcáreos, debajo de la piel, o en los intersticios musculares (es una enfermedad del mesénquima y no de los músculos). Son estos nódulos de tamaño y forma variables, presumibles por su dureza y reconocibles con seguridad por su opacidad absoluta a los rayos X. La piel, sobre estos depósitos, se atrofia y puede ulcerarse, dando lugar a la salida, de una masa semisólida calcárea. El estado general puede estar muy afectado. Una forma clínica de esclerodermia suele acompañar a esta afección (síndrome de Thibierge-Wassenbach); a veces, se añaden trastornos vasomotores del tipo de Raynaud, manchas de la córnea (Þ) y la gota cálcica (Þ).

     C) Xantomas intratendinosos, a veces de enorme tamaño (como una mandarina, caso mío), sobre todo al nivel del codo (seudogota colesterínica).

     D) Colesterinosis extracelular (Kerl-Urbach). Es una afección rara, que consiste en la aparición de pápulas o nódulos, de color rojoscuro, que pueden alcanzar el tamaño desde un cañamón a una avellana. Puede haber esplenomegalia y síntomas de insuficiencia hepática. Los nódulos están formados por colesterina extracelular, acumulada en los espacios intercelulares y en la pared de los vasos, sin las células espinosas, ricas en colesterina, propias de las xantomatosis. El cociente colesterina/ésteres es inverso al de los xantomas: 3,1/1 en lugar de 1/3,65. Se supone que esta afección es una forma de lipoidosis (Þ), cutánea, de clasificación exacta aún incierta y de muy difícil identificación clínica; el diagnóstico diferencial lo da sólo el examen histológico.



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