Neuralgia del trigémino.





Neuralgia del trigémino.

      El trigémino (V par) nace de la protuberancia por dos raíces: una gruesa, sensitiva, y otra pequeña motora (nervio masticador); las dos se reúnen en un ganglio de Gasser, del que emergen las tres ramas del nervio: la oftálmica, la maxilar superior y la maxilar inferior.

     Los estados neurálgicos del trigémino afectan, por lo común, a alguna de sus tres ramas, y no a la totalidad del nervio. Puede empezar a cualquier edad; pero, en general, después de los cincuenta años. En su forma típica se manifiesta por dolor hemifacial, afectando, en el mayor número de los casos, a la región infraorbitaria; después, a la mandíbula, y, menos veces, a la región oftálmica; menos aún, a la lengua; este dolor de la lengua puede hacer imposible la masticación; y, en ocasiones, persiste aun después de curado el dolor facial. El dolor puede ser intermitente, paroxístico, o persistir durante horas o días enteros, pero presentando siempre exacerbaciones intensas. En los intervalos pueden quedar parestesias muy molestas (Þ) e hipersensibilidad de la región, reproduciéndose los accesos por las temperaturas extremas, los contactos, los esfuerzos, las emociones o el simple acto de la masticación, al que, a veces, temen los pacientes, reduciéndoles a alimentarse mal. El dolor es atroz, describiéndolo el enfermo como desgarradura, quemadura, pinchazos agudísimos, etcétera. Son típicos los puntos dolorosos (Valleix) al nivel de los agujeros supra e infraorbitarios, agujero malar, agujero mentoniano; la presión del dedo del explorador sobre cualquiera de estos puntos es dolorosa, aun en los intervalos de calma. Suele haber trastornos vasomotores y secretores: congestión de la cara con hipertermia local, sudoración, lagrimeo, rinorrea, ptialismo. En los casos muy intensos y prolongados, se pueden presentar trastornos tróficos: calvicie, edema duro o atrofia de la piel, queratitis. En algunos casos, la crisis de dolor se acompaña de contracción de los músculos de la cara (tic doloroso de la cara: Trousseau). Su carácter paroxístico, hemilateral, exactamente localizado, y los trastornos de la sensibilidad y tróficos, diferencian claramente la neuralgia del trigémino, de la jaqueca y de otros dolores de la cara debidos a lesiones permanentes (dentarias, sinusales, etc.). La comprobación de la neuralgia del trigémino debe conducir a una serie de investigaciones etiológicas indispensables para el tratamiento. El médico no debe olvidar que no pocas veces ésta, como las otras neuralgias —lo digo ahora, de una vez para siempre— pueden obedecer a una causa múltiple y requerir, por tanto, un tratamiento igualmente múltiple. Estas causas son:

     A) Infecciones generales crónicas: paludismo, sífilis, brucelosis; en algunos casos, tal vez, tuberculosis.

     B) Infecciones focales: faríngeas, renales etc. En la neuralgia del trigémino, como en tantos otros sectores de la patología, se ha abusado de esta interpretación etiológica, cuya realidad, no obstante, es, en algunos casos, indudable.

     C) Intoxicaciones exógenas: plomo mercurio, arsénico, seroterapia prolongada.

     D) Intoxicaciones endógenas: diabetes o estados prediabéticos (muy frecuentes: debe investigarse siempre, a la menor sospecha, o a falta de otras etiologías, la herencia diabética y la curva de glucemia alimentaria (Þ). En otras ocasiones hay hipoglucemia (Þ), hiperuricemia (Þ), hiperazoemia (Þ).

     E) Lesiones óseas de la cabeza.

     1. Dentarias: piorrea, abscesos apicales, caries; esta etiología dentaria, segura en algunos casos, ha sido también muy hiperbolizada, y es muy frecuente ver a neurálgicos del trigémino a los que se ha extraído una cantidad considerable de dientes inocentes o toda la dentadura, sin necesidad.

     2. Osteítis del maxilar, sinusitis, tumores del hueso, fracturas.

     F) Lesiones de las partes blandas de la cabeza: inflamaciones oculares, corizas crónicos, faringitis crónicas.

     G) Lesiones intracraneales: meningitis crónica (tuberculosa, sifilítica), tumores (del ganglio de Gasser, por ejemplo), infartos del tronco del encéfalo. O síntoma de una esclerosis múltiple.

     H) Formas esenciales. Muchas veces no se descubre ninguna de las alteraciones generales o locales que acabo de enumerar; se llama entonces a la neuralgia esencial. Con razón se abomina de este diagnóstico de esencial; pero muy a menudo hay que recurrir a él; incluso muchas de las causas que he citado, cuando se muestran, pueden indicar sólo una coincidencia y no una realidad causal, como lo demuestra el fracaso del tratamiento correspondiente. En este grupo esencial hay que incluir los casos de neuralgia central del trigémino (Bonnier), en los que se supone ese origen central, más que nada porque no se encuentra causa alguna.



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