Mudez.





Mudez.  El problema de la mudez se plantea generalmente en niños; y es necesario considerar, ante el niño que no habla, cuatro posibilidades: la cronopatía de la palabra; la mudez debida a la sordera, congénita o adquirida tempranamente (sordomudez): la mudez por insuficiencia mental; y la debida a la inhibición nerviosa de la palabra (mutismo).

     A) Cronopatía de la palabra. En algunos niños hay un retraso en la aparición de la palabra, que puede asociarse a otros signos de retraso morfológico (infantilismo), pero que, con frecuencia, acaece en organismos completamente normales; el niño oye bien, da muestras de una inteligencia normal, o, quizá, muy viva, y se expresa por gestos y ademanes llenos de sentido y por sonidos no articulados. Puede este retraso mantenerse dos o tres años más allá de la fecha habitual de aparición del lenguaje; y suele preocupar mucho a los padres y médicos. Su pronóstico es bueno. Esta cronopatía del lenguaje, puede ser familiar.

     B) Sordomudez. (Þ).

     C) Mudez por insuficiencia mental. En todas las formas de insuficiencia mental (Þ), desde la oligofrenia más leve hasta el idiotismo, ya de origen cerebral, ya de otros orígenes, la adquisición del lenguaje se retrasa mucho, produciéndose una verdadera mudez, que puede ser transitoria, siendo sustituida, al fin, por un lenguaje precario, de escasísimo repertorio de palabras, al que se añaden palabras incompletas, sílabas y sonidos inarticulados más o menos expresivos; constituyendo su conjunto el lenguaje abigarrado típico de muchos idiotas. Su diagnóstico es muy fácil.
     D) Mutismo. En el mutismo, el enfermo posee el lenguaje, pero no puede usarlo por inhibición nerviosa. Se observa:

     1. En diversos estados demenciales con negativismo: esquizofrenia (Þ), intensa melancolía (Þ), demencia paralítica (Þ), etc. Es fácil de diagnosticar por la coexistencia de los otros síntomas demenciales: el mutismo suele ser absoluto, sin los esfuerzos de los afásicos, sin los sonidos inarticulados de los mudos; coexiste muchas veces con musitaciones, movimientos estereotipados de los labios, etc.; la audición es normal.

     2. Después de estados infecciosos graves (tifoidea, tifus exantemático, etc.) puede observarse el mutismo en gente joven y aun en adultos; es complicación hoy mucho menos frecuente que antes.

     3. En ciertas psicosis tóxicas, como las alcohólicas, etc.

     4. En la enfermedad de Wilson se llega, a veces, a una mezcla de mudez y mutismo.

     5. En el mutismo acinético existe una lesión talámica bilateral por trombosis de las pequeñas arterias perforantes subtalámicas (Barraquer, Segarra). En otros casos se han encontrado lesiones bilaterales, palidales, del sistema límbico o de los tubérculos cuadrigéminos superiores.

     6. En el «locked-in-syndrome» (síndrome de deseferentación) hay un «mutismo» por lesión protuberancial (mielinolisis pontina central) con tetraplejía y anartria. Ocurre en alcohólicos y enfermedades consuntivas por desmielinización y suele acompañarse de hiponatremia. Se parece al mutismo acinético pero en este síndrome de deseferentación se conserva un estado de conciencia plenamente lúcido.



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