Meteorismo





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Meteorismo

     Se llama así al aumento de la tensión del abdomen por la acumulación de gases en el tubo digestivo normal o por la paresia de las paredes de éste, ya pasajera, ya progresiva, precursora de su parálisis. La tensión excesiva de los gases produce, primero, un típico sonido timpánico a la percusión (timpanismo); al aumentar el fenómeno, el vientre se dilata. Cuando el enfermo está echado, el centro del vientre se hace prominente, conservándose enjutos los flancos, a diferencia de la ascitis, en la que, en esta postura, el vientre tiende a ser plano por la acumulación preferente del líquido en los flancos; si el enfermo está en pie, el meteorismo se hace sobre todo visible en la parte alta del abdomen; además de esto, el sonido timpánico del meteorismo y la matidez de la ascitis eliminan toda posibilidad de confusión entre ambos estados. No debe confundirse el meteorismo con el neumoperitoneo, es decir, con la presencia de gases fuera del tubo digestivo, en plena cavidad peritoneal, por perforación de una víscera hueca. En estos casos desaparece la matidez hepática y al examen radiológico se observa una claridad en semiluna entre la cúpula diafragmática derecha y el hígado. Recuérdese también que estos hallazgos del neumoperitoneo pueden simularlos el síndrome de Chilaiditi, es decir, la simple interposición, por hepatoptosis, del colon gaseado, pero en este caso las haustras no ofrecen dudas.

     I. La causa principal del meteorismo es la peritonitis; en ella se debe pensar ante todo (Þ) meteorismo agudo o subagudo; se trata de un íleo paralítico.

     II. Le sigue en importancia la obstrucción intestinal. Sobre sus causas, diagnóstico general y localizaciones, (Þ).

     III. Las dilataciones del estómago producen, no siempre, un meteorismo, a veces muy llamativo, localizado en el epigastrio o extendido en todo el abdomen. La percusión puede limitar el tamaño de la cavidad gástrica.

     Hay que tener en cuenta las cuatro siguientes contingencias:

     A) Dilatación crónica por atonía gástrica, en los asténicos: (Þ).

     B) Dilatación crónica en la estrechez del píloro, en el adulto, por úlcera o cáncer: (Þ).

     C) Dilatación gástrica aguda por parálisis gástrica, postoperatoria, infecciosa, etc.: (Þ).

     D) Dilatación gástrica en la estrechez del píloro infantil: (Þ).

     E) Dilatación gástrica y duodenal en el síndrome de la pinza arteriomesentérica por desnutrición acentuada rápida (hambre, anorexia mental, enfermedades consuntivas).

     IV. La simple dispepsia flatulenta produce un meteorismo postprandial benigno, fácil de interpretar. Es, muchas veces, indicio de alteraciones hepáticas, y suele localizarse en el ángulo hepático derecho (Þ). Es típica en la cirrosis hepática, antes de la fase ascítica. Otras causas de hipertensión portal, como la pericarditis constrictiva y la insuficiencia cardiaca congestiva, pueden ser origen de meteorismo crónico. En los síndromes de malabsorción (enteritis, celiaquia, sprue, etc.).

     V. En la pancreatitis aguda y en los pequeños ataques pancreáticos son frecuentes el meteorismo y estreñimiento. A veces es notable la distensión abdominal durante la crisis.

     VI. En el megacolon (Hirschsprung), la distensión del colon puede ser tan grande que finja un meteorismo generalizado (Þ). Existe un megacolon tóxico, complicación aguda en las colitis ulcerosas graves o en colitis amebiana o granulomatosa, que no tiene nada que ver con la forma congénita. Cursa con afectación grave del estado general —fiebre alta, taquicardia, colapso— y grandes diarreas. Es una atonía y dilatación agudas del colon, especialmente del transverso, con gas incluso en la pared intestinal. El megacolon catártico es una complicación del estreñimiento crónico tratado con antraquinonas largo tiempo por efecto tóxico directo sobre el plexo mientérico y por la hipokaliemia.

     VII. Meteorismo en las infecciones. Es muy frecuente y, a veces, de difícil interpretación. Sus causas principales son:

     A) La fiebre tifoidea se acompaña de un meteorismo típico, que suele iniciarse hacia el final de la primera semana, a veces más tarde, otras muy precozmente; está, sin duda, ligado a las lesiones intestinales y a las posibles complicaciones peritoneales; y, en los períodos avanzados, a otras causas, como la paresia, de origen central, y la acidosis: su valor pronóstico puede ser, pues, completamente distinto; y, en efecto, uno de los problemas de diagnóstico interesante en el curso de la fiebre tifoidea, a partir de la segunda o tercera semana, es el diferenciar el meteorismo simple tifoideo del meteorismo de la paresia y la acidosis y, sobre todo, del debido a la peritonitis por perforación, o por propagación (per diapedesim); diagnóstico tanto más difícil cuanto que la perforación puede hacerse, en estos enfermos obnubilados por la infección, sin apenas dolor inicial y sin la gran sintomatología brusca del abdomen agudo; y hay casos sin obnubilación con la misma marcha insidiosa, sobre todo en los viejos; y en los enfermos muy tratados con antibióticos. He aquí los principales datos: el meteorismo simple es bien tolerado, varía de unos momentos a otros, no se acompaña de síntomas colapsantes ni de acidosis; pero, a veces, el meteorismo muy acentuado se acompaña de pulso muy frecuente, que contribuye a la confusión. El meteorismo acidósico, también bien tolerado, se acompaña de gran descenso de la reserva alcalina y se modifica rápidamente por el tratamiento antiacidósico. El meteorismo por perforación, muchas veces precedido de dolor agudo, de retortijón, pero no siempre, y de melena, es rápidamente progresivo y se acompaña de síntomas graves, colapsantes, de resistencia de la pared (a veces, sin rigidez verdadera) y de una rápida y quizá muy precoz leucocitosis o, por lo menos, polinucleosis que altera la fórmula leucocitaria habitual en la tifoidea (leucopenia y monocitosis); basta una leucocitosis moderada (alrededor de 10.000) para fundamentar la sospecha. En casos de diagnóstico difícil, puede hacerse la radiografía abdominal que demuestra
la cámara de aire suprahepática.

     B) En otras infecciones (pulmonía, septicemias graves, etc.), en las fases finales, se presenta también el meteorismo, sobre todo en niños y jóvenes; su origen es, probablemente, nervioso central o acidósico; suele preceder a los desfallecimientos cardiacos graves y tiene, por ello, una justa reputación de mal pronóstico. Es relativamente frecuente en la tuberculosis miliar, especialmente en la forma tifobacilar.

     VIII. Algunas intoxicaciones agudas pueden producir meteorismo intenso, simulando una peritonitis, hasta el punto de plantear el problema quirúrgico. Se cita la intoxicación por el tetracloruro de mercurio como una
de las que más frecuentemente dan lugar a este síntoma.

     IX. En los procesos que se acompañan de acidosis la (como diabetes, insuficiencia hepática grave, uremia, insuficiencia suprarrenal, estados de inanición, las mismas infecciones graves que acabo de citar, etc.) puede presentarse un meteorismo intenso que finge el cuadro del abdomen agudo (Þ).

     X. Ciertas lesiones graves o muy dolorosas del sistema nervioso se acompañan, en ocasiones, de gran meteorismo: mielitis transversa, compresión de la médula, tabes dorsal, ciática por hernia discal, etc. El diagnóstico, a partir del síndrome nervioso, es siempre fácil; es un accidente de mal pronóstico.

     XI. En ciertos casos de neurosis grave (histerismo) o de psicopatías diversas, puede haber meteorismos acentuados, fáciles de clasificar. Se deben a la deglución inconsciente de aire (aerofagia). La aerofagia puede ocurrir en personas de psiquismo normal, pero con ansiedad sostenida y tensión emocional, que no eructan y entonces se acumula el aire tragado provocando sensación de inflazón y protrusión epigástrica a veces notable.

     XII. Las mismas afecciones vasculares que producen dolor abdominal agudo (Þ) —como las trombosis y embolias de los vasos mesentéricos, el intenso ateroma aórtico— pueden producir también el meteorismo. Recordaré especialmente el del infarto del miocardio, que se localiza casi siempre en la parte izquierda y alta del abdomen (aerogastria por parálisis del diafragma: síndrome frenogástrico: Laubry).

     XIII. En todos los cólicos (Þ) puede haber meteorismo. Es muy interesante en el cólico nefrítico, durante la fase de emigración del cálculo; en unos casos hay rigidez muscular, pero en otros predominan las manifestaciones de meteorismo: aun cuando los otros síntomas del cólico suelen ser muy típicos, no son excepcionales los casos en que, a causa del intenso meteorismo, se ha planteado el diagnóstico diferencial con la peritonitis, oclusión intestinal, etc.; a veces se ve claramente una limitación del meteorismo al colon del riñón correspondiente (colon ascendente en el cólico renal derecho; descendente, en el izquierdo).

     XIV. En lesiones de la hipófisis he observado casos de meteorismo, por paresia intestinal, a veces tan aparatosos, que han sido confundidos con síndrome de abdomen agudo. En algunas ocasiones, en efecto, pueden conducir al íleo paralítico (Þ). También he hablado del meteorismo, a veces íleo, de algunos mixedematosos (Þ).

     XV. Algunos prostáticos, aun los no avanzados, se despiertan con un síndrome de erección matutina, con paresia intestinal y meteorismo, de la parte inferior del vientre, a veces muy penoso. Otros síntomas: (Þ).

     XVI. Existe meteorismo también en los procesos respiratorios difusos con trastorno de la difusión de gases o de la ventilación alveolar.

     XVII. Un meteorismo agudo, por expansión de los gases gastrointestinales, puede ocurrir en la decompresión brusca del abdomen, por ejemplo en las ascensiones, vuelos a gran altura o regresos rápidos tras inmersión (buzos, submarinistas). Es uno de los aspectos del baro-trauma, que se acompaña de expansión gaseosa pulmonar, embolia gaseosa y puede llegar a provocar perforación gástrica.

     XVIII. La seudociesis —«embarazo fantasma»— con abultamiento abdominal difuso, a menudo fugaz y recurrente, ocurre en mujeres psicolábiles o histéricas y en parte se debe a su meteorismo, pero sobre todo coinciden relajación de la pared abdominal, actitud lordótica de la columna y descenso diafragmático, todo ello de origen psicógeno.



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