Melancolía.





Melancolía

 

     Este nombre indica un estado de depresión de ánimo, de tristeza profunda, inmotivada o desproporcionada a las causas que la suscitan, coloreado de dolorosa ansiedad. Esta tristeza se acompaña de una disminución de los afectos, de las preferencias y ocupaciones, de los motivos de reacción alegre o triste habituales; y la conciencia de esta disminución contribuye a la depresión del enfermo. Puede esta melancolía constituir, por sí sola, una psicosis, la psicosis maníacodepresiva, o presentarse en forma de episodios aislados, en relación con distintos estados patológicos (hipertensión, reblandecimiento cerebral, parálisis general, diabetes, uremia, mixedema, paludismo crónico, focos infecciosos latentes, diversas intoxicaciones). Es posible que en estos últimos casos sea también precisa una predisposición para que el síndrome melancólico se presente, actuando las enfermedades citadas como causas reveladoras de dicha predisposición. Al estado de ánimo melancólico se unen, habitualmente, alteraciones físicas, de tipo inhibitorio: inapetencia, estreñimiento, palidez, insomnio, prurito, etc.; a veces, amenorrea, con aspecto envejecido y adelgazamiento (Þ). Puede haber estados delirantes y alucinatorios, hipocondría intensa, tendencia al suicidio. Casi siempre, no constantemente, se trata de individuos con una constitución morfológica bastante fija, del grupo pícnico o brevilíneo, como en la manía.

     I. En un grupo de enfermos, la melancolía se presenta aisladamente, ya unida a un episodio sexual (pubertad, gravidez, luna de miel, y, sobre todo, climaterio), ya sin relación apreciable con estos episodios. Puede durar muchos meses; las formas climatéricas o involutivas son, por lo general, las más largas; muchas veces no se desvanece del todo nunca, enlazándose con estados orgánicos, con arteriosclerosis o uremia crónica (Þ). El acceso melancólico puede ser único en la vida o, con mucha mayor frecuencia, repetir. Cuando pasa, el enfermo queda bien, aunque siempre con una predisposición del humor hacia la depresión melancólica.

     II. En otro grupo de enfermos aparecen, alternadas, fases de melancolía y de manía; constituyendo la psicosis maníacodepresiva o psicosis periódica, afección extremadamente frecuente, sobre todo en las clases elevadas y en ciertas razas como la judía; incluyendo las formas leves, puede calcularse que un 6 a 7 por 1.000 de los seres humanos la padecen. La fase de manía (Þ) puede seguir a la melancolía o precederla; o estar separadas por intervalos de normalidad. La alternancia de ambas puede ser irregular o muy exactamente cíclica. Algunos pacientes pasan gran parte de su vida sometidos a una y otra de las dos fases. En esta forma alternativa, tanto los episodios de excitación maníaca como los de depresión melancólica, suelen ser menos intensos que cuando unos u otros se presentan aislados. Hay una gradación insensible entre la psicosis maníacodepresiva y estados de alternativas de humor que se pueden considerar como normales, constitucionales, aunque exagerados (ciclotimia). Es afección muchas veces familiar, hereditaria.

     III. Como he dicho, otras veces el acceso de depresión melancólica coincide con un grupo de estados patológicos ya citados; su dependencia de éstos es evidente, puesto que, al curarse, la melancolía puede desaparecer por completo. De esos estados son especialmente frecuentes:

     A) La uremia crónica (Þ). El estado renal debe ser revisado en los enfermos afectos de esta psicosis.

     B) Estado lagunar (Þ). Es muy frecuentemente causa de estados melancólicos.

     C) Neurosífilis. Todas las formas de ésta deben ser investigadas en los casos de melancolía, sobre todo juvenil (Þ).



  • inhibitorio melancolico

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