La epífora emotiva





La epífora emotiva tiene interés diagnóstico cuando es muy exagerada. Entonces debe llamarse, más que epífora o lagrimeo, lloriqueo. La facilidad para el llanto emotivo está muy ligada a la constitución individual. Es más acentuada en la mujer que en el hombre. El hábito puede, por el mecanismo del reflejo condicionado, aumentar o disminuir esta facilidad; así vemos a los actores la prontitud con que provocan la epífora por un simple recuerdo afectivo, casi maquinalmente (una gran actriz francesa decía que le bastaba recordar la sección de sucesos del periódico para llorar, casi con emoción). La edad aumenta el lagrimeo emotivo porque aumenta la emotividad (esclerosis de los centros afectivos: hiperemotividad o clonus emotivo involutivo); en muchos individuos, el comienzo de la involución se marca, antes que nada, por una sensibilidad irrefrenable para el lloriqueo. En lesiones encefálicas diversas, principalmente en el estado lagunar, este síndrome es muy llamativo (Þ).

Desde luego, todas las otras formas de hiperemotividad (neurosis, hipertiroidismo, climaterio, etc.) se manifiestan por este síntoma (Þ). Ya he descrito el clonus emotivo en el hipotiroidismo (Þ).



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