Hipertermias endocrinas.





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Hipertermias endocrinas.  La íntima relación de las hormonas con los centros del sistema vegetativo explica que las enfermedades glandulares sean capaces de perturbar el equilibrio de los centros termorregulares, dando lugar a hipertermias, por lo común, del tipo febricular.

     A) Las más interesantes son las relacionadas con los trastornos de la hipófisis (hipofisohipotalámicos). Casi todas las enfermedades de esta glándula pueden presentar alteraciones térmicas, lo cual se explica teniendo en cuenta la proximidad —anatómica y funcional— de la hipófisis y de los centros térmicos hipotalámicos. Suele decirse, esquemáticamente, que las lesiones hiperfuncionales (acromegalia, adenoma basófilo) producen hipertermia; y las hipofuncionales (síndrome adiposogenital, Sheehan, diabetes insípida), hipotermia; sin embargo, no siempre ocurren las cosas así, y no raramente he visto síndromes hipopituitarios, como la supuesta caquexia de Simmonds, con febrícula prolongada, interesante porque puede inducir (en unión del adelgazamiento) a un diagnóstico de tuberculosis, principalmente de tuberculosis abdominal si hay, además, dolores abdominales (Þ). A veces es, sin embargo, muy difícil desechar la posibilidad de que, en efecto, existan tuberculosis concomitantes. Estos casos caquetizantes son anorexias mentales, mientras no se demuestre lo contrario. El hipopituitarismo es entonces secundario, carencial.

     B) El tiroides influye seguramente sobre la temperatura, gracias a la acción directa de sus hormonas sobre la intensidad de las oxidaciones celulares, y, quizá también, por su influencia sobre los centros vegetativos. Por otra parte, sabemos que muchas formas de hipertiroidismo son de origen hipotalámico y, por lo tanto, la hipertermia es nerviosa. Sus características clínicas son:

     1. En la insuficiencia tiroidea es típica la hipotermia; y en el hipertiroidismo, la hipertermia, generalmente moderada, febricular, pero, a veces, por encima de 38° y con fáciles accesos altos, por cualquier causa, aunque sea leve; hay, pues, una inestabilidad térmica, con tendencia hipertérmica. En algunos casos, esta fiebre prolongada toma el tipo ondulante. Su desaparición por la tiroidectomía asegura su origen hormonal.

     2. Incluso en enfermos con síndrome hipertiroideo esbozado, constitucional, sobre todo en mujeres jóvenes, diagnosticadas, tal vez, de simples estados nerviosos, puede existir esta tendencia hipertérmica. Hay una forma, nada rara, de Basedow-adiposidad-distermia (Þ).

     3. Dada la gran frecuencia de la combinación del hipertiroidismo con procesos tuberculosos, es lógico admitir, en algunos casos, la colaboración de los dos factores —el infeccioso y el tiroideo— que mutuamente se sensibilizan para producir la elevación de la temperatura.

     4. La intoxicación yódica en los hipertiroideos puede manifestarse por intensa hipertermia, por erupciones diversas y eosinofilia, que en algunos casos han inducido a errores de diagnóstico con sarampión u otras erupciones.

     5. Finalmente, tenemos la gran hipertermia de las crisis de hipertiroidismo agudo que subsiguen, a veces, a la extirpación del tiroides, a otras operaciones quirúrgicas, etc. (Þ).

     6. La tiroiditis subaguda tipo de Quervain cursa con fiebre, astenia a veces marcada, depresión, mialgias politópicas, disfagia y tiroides sensible con dolor irradiado a oídos.

     C) Hipertermias de origen suprarrenal:

     1. En la hiperfunción corticosuprarrenal por adenoma constitucional de esa glándula hay tendencia hipertérmica moderada; como la hay a la hipotermia en la insuficiencia suprarrenal. En los tumores de la corteza suprarrenal, sobre todo en los niños, la hipertermia puede ser alta, prolongada, adoptando a veces un tipo claramente ondulado. Otros síntomas: (Þ). En el feocromocitoma aparece fiebre discreta o moderada durante las crisis.

     2. En la insuficiencia suprarrenal crónica, pura, producida por estado degenerativo de las glándulas suprarrenales hay, como he dicho, hipotermia. Pero en los frecuentísimos casos de origen tuberculoso puede haber febrícula, relacionable, sin duda, con la infección y no con el trastorno endocrino. Esta fiebre tuberculosa de los addisonianos puede presentarse por brotes breves, simulando gripes; así deben interpretarse gran parte de los casos publicados como de pretendida insuficiencia suprarrenal de origen gripal. La tendencia hipotérmica de la insuficiencia suprarrenal es evidente aun en los casos febriles, pues la reacción febril es siempre menor de lo que correspondería a la intensidad de la lesión tuberculosa; a veces he visto que desaparece en las fases agudas de la insuficiencia suprarrenal, reapareciendo al mejorar el paciente por el tratamiento, sobre todo por la corticoterapia.

     3. En la apoplejía suprarrenal puede haber intensa hipertermia con síndrome de cianosis (Þ) o de palidez (Þ).

     4. Se ha descrito una «enfermedad periódica», con fiebre ocasional, que se ha atribuido a un pirógeno esteroideo: la etiocolanolona, un metabolito cetosteroide emparentado con la testosterona. Cursa con poliserositis recurrente, artritis aguda, lesiones cutáneas y a la larga amiloidosis. Afecta a razas judías, árabes, preferentemente mediterráneas. Se designa también como fiebre familiar mediterránea (véase «Hipertermias periódicas»).

     D) La influencia de las hormonas sexuales sobre las temperaturas también es muy interesante clínicamente:

     1. La acción de la hormona ovárica sobre la temperatura es evidente. Normalmente, la temperatura de la mujer tiende a ser algo más elevada que la del hombre; y las mismas causas, por ejemplo las infecciones, se acompañan de mayor temperatura en la mujer —como en el niño— que en el varón. El dato clínico más llamativo es la conocida hipertermia premenstrual. Es éste un fenómeno que se observa en todo estado febril, por ejemplo, en las mujeres tuberculosas, el 30 por 100 o más de las cuales ven aumentar su fiebre en los días que preceden al período; se quiso dar a este dato valor diagnóstico en el sentido tuberculoso; pero toda fiebre, aun no siendo tuberculosa, puede exacerbarse en esos días; y hay bastantes mujeres —las que presentan un intenso síndrome de tensión premenstrual (Þ)— en las que hay hipertermia premenstrual y no en el resto del mes, con o sin coexistencia de factores infecciosos. Se ha atribuido esta hipertermia a la hormona luteínica; pero mis observaciones aseguran la responsabilidad de la foliculina. Prácticamente, la hipertermia premenstrual es en muchas mujeres un fenómeno normal. He visto casos de mujeres, y precisamente las de constitución muy femenina, que durante largos años de su actividad sexual han presentado febrícula, más intensa en las épocas de gran actividad sexual; desapareciendo espontáneamente en el climaterio.

     2. La hormona testicular parece estabilizar la regulación térmica. Lo comprueba la tendencia a la hipotermia en la insuficiencia testicular y a la hipertermia (por lo menos a la «piel caliente») en la homosexualidad masculina.



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  • acromegalia hipotermia

  • hipertermia premenstrual

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