Hematopoyesis.





Hematopoyesis.  La sangre se engendra en el tejido mesodérmico, en cuanto éste aparece en el embrión. Hacia el tercer mes de la vida intrauterina, el órgano fundamental encargado de formar los elementos sanguíneos tanto los rojos como los blancos, es el hígado. A partir del cuarto al quinto mes, empiezan a funcionar los que serán órganos hematopoyéticos, en la vida extrauterina: médula ósea y bazo principalmente. Hacia el octavo mes, el hígado ha sido ya sustituido por la médula ósea y el bazo, que producen los hematíes y los leucocitos granulosos, polinucleares; y, a la vez, en la médula maduran los linfocitos B y en el timo los linfocitos T. Después del nacimiento queda definitivamente establecida la fuente de las células hemáticas: los hematíes y los polinucleares granulosos, así como las plaquetas, se formarán en la médula ósea; los linfocitos, en los ganglios linfáticos (y en otros tejidos linfoideos: amígdalas, folículos linfáticos del intestino) y en el bazo; éste, en condiciones patológicas, y sobre todo en el niño, puede asumir, aun después del nacimiento, una actividad hematopoyética parecida a la de la época fetal; en cuanto a los monocitos, se sabe hoy que tienen también un origen medular, a partir del promielocito y constituyen otra estirpe: el sistema mononuclear fagocítico, primero se forma el monoblasto, le sigue el promonocito y por fin el monocito. De estos últimos derivan los histiocitos y macrófagos que forman parte de aquel sistema, en los tejidos. Los glóbulos rojos (hematíes, eritrocitos) derivan, pues, de la médula ósea en la vida extrauterina. Se originan en elementos inmaduros —hemohistioblastos, hemocitoblastos— que serían también las células madres, universales, de los elementos leucocitarios todos, y de las plaquetas. El hemocitoblasto, cuando engendra la serie roja, evoluciona, transformándose en la célula primitiva de la serie, proeritroblasto, nucleada y de protoplasma basófilo; la cual, en los cambios sucesivos, eliminará su núcleo y trocará su protoplasma basófilo en acidófilo, al sobrecargarse de hemoglobina; hasta formar el hematíe maduro, anucleado y acidófilo. Todas las formas nucleadas o con protoplasma no francamente acidófilo se consideran, pues, como elementos inmaduros. Estos elementos inmaduros, eritroblastos, se encuentran normalmente en la médula ósea; en la sangre sólo aparecen en estado patológico. La evolución desde el hemocitoblasto al eritrocito normal o hematíe se hace según dos tipos: uno de tamaño normal (serie normoeritroblástica-normoeritrocítica o normocítica) y otro de tamaño excesivo (serie megaloeritroblástica-megaloeritrocítica o macrocítica).

La serie normoblástica pasa por las siguientes fases celulares: hemocitoblasto; proeritroblasto; eritroblasto basófilo (célula nucleada con protoplasma muy basófilo); eritroblasto policromatófilo (célula nucleada con protoplasma violado, entre basófilo y acidósico); eritroblasto ortocromático (célula nucleada ya ácida, cargada de hemoglobina; el núcleo puede estar inicialmente fragmentado, en vías de dispersión); eritrocitos o hematíes maduros (célula anucleada y acidósica). La serie megaloblástica es sólo normal hasta el cuarto mes de la vida intrauterina; después desaparece, y en la médula ósea del adulto normal no se encuentran sus células, apareciendo sólo en casos patológicos, en la médula y en la sangre (principalmente en la anemia perniciosa); sus fases sucesivas son: el premegaloblasto; el megaloblasto basófilo (correspondiente al eritroblasto basófilo), que se carga de hemoglobina y se hace, primero, policromatófilo, y perdiendo después el núcleo, a veces incompletamente, hasta hacerse macrocito o megalocito, es decir, hematíe de gran tamaño.

     En la serie normoblástica de la médula ósea pueden aparecer unos eritroblastos cargados de gránulos de hierro, visibles al teñirlos con azul Berlín: son los «sideroblastos» característicos de las anemias sideroacrésticas.



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