En las lesiones de la epífisis o glándula pineal.





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En las lesiones de la epífisis o glándula pineal, la macrogenitosomía es un síntoma frecuente. Se discute mucho si se trata de un trastorno de la supuesta secreción interna de la epífisis; o de simples anomalías constitucionales, verdaderas monstruosidades, coincidentes con un teratoma de la pineal; o de una afectación secundaria de los centros hipotalámicos (Þ). Como es sabido la epífisis segrega una hormona, la melatonina, que es antagónica de la MSH en los animales. En el hombre tiene una acción inhibidora de las gonadotrofinas a través del hipotálamo. Teóricamente, pues, los pinealomas serian responsables de pubertad tardía y así ocurre en algunos casos. Parece que los tumores determinantes de pubertad precoz no son parenquimatosoglandulares sino intersticiales y representan la tercera parte de todos los pinealomas; son excepcionales en el sexo femenino y no producen menarquia anticipada. Estos pinealomas podrían ser responsables de la pubertad precoz bien por la destrucción de la propia glándula, con pérdida de su secreción de melatonina u otro factor, bien por la compresión de regiones cerebrales cercanas que normalmente inhiben la secreción de LHRH y gonadotropina en el período prepuberal. Esta macrogenitosomía aparece, casi sin excepción, en niños varones. Es frecuente que la macrogenitosomía sea pura, sin pubertad precoz, y, muchas veces, se limita al pene, que puede ser enorme, coincidiendo con testículos normales para la edad o aun retrasados, con retraso de los caracteres sexuales secundarios; y con ausencia de todo erotismo; trátase, pues, de una verdadera y pura macropenisomía. Puede haber adiposidad del tipo adiposogenital (Þ); y bocio; más rara es la atrofia muscular

     El diagnóstico es fácil cuando se acompaña de otros síntomas locales de la tumoración epifisaria (Þ), más los síntomas habituales de la hipertensión cerebral, y, a veces, la hidrocefalia. El diagnóstico es más difícil cuando no se trata de tumores, sino de lesiones que no alteran el tamaño de la glándula, faltando, por tanto, dichos síntomas locales. El hallazgo, en la radiografía, de sombras de concreciones calcáreas en la epífisis (arena epifisaria) puede tener valor cuando son muy netas y precoces (antes de los quince años); después de la edad madura, estas sombras se pueden considerar, aunque con algunas reservas, como no anormales: se localizan fácilmente, en medio de la cavidad craneana, en una línea vertical que pasa por el conducto auditivo externo.



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