El síndrome general de la oclusión.





El síndrome general de la oclusión, en su forma aguda y en la crónica; y después revisaré sus principales causas y mecanismos.

    A) El diagnóstico de la oclusión aguda se hace generalmente a partir del dolor súbito, casi siempre desgarrador, intermitente y ondulante, que puede estar localizado en el sitio del accidente, pero que otras veces aparece como cólico difuso (cólico miserere). Otras veces el síntoma inicial son los vómitos, primero alimentarios, luego biliosos; los vómitos fecaloides se presentan más tarde, y es lamentable que, sobre ellos, se haga el diagnóstico; entre las crisis de vómitos queda un estado nauseoso permanente. La supresión de las heces no aparece generalmente hasta algún tiempo después, sobre todo si la oclusión es alta. La supresión de los gases intestinales es más precoz y tiene un gran valor diagnóstico. Hay rigidez abdominal sólo si existe irritación peritoneal (estrangulación) o complicaciones inflamatorias; en cambio pronto, aunque no siempre, suele presentarse meteorismo, al principio discreto, luego más intenso. En los comienzos de la oclusión, el meteorismo puede presentar modalidades que ayudan al diagnóstico de localización: si la oclusión es muy alta, el meteorismo se localiza en el epigastrio, a favor de la dilatación del estómago; si la oclusión ocurre en el intestino delgado, la distensión es central, conservándose hundidos los flancos; esta disposición es especialmente clara cuando el obstáculo asienta, como con mucha frecuencia ocurre, en la terminación del delgado o en el ciego; la oclusión en el colon y en la S iliaca produce una distensión del colon, periférica, en herradura, conservándose relativamente deprimida la región central del abdomen; más adelante la distensión se hace general, sobre todo si, cual acaece frecuentemente, sobreviene una reacción peritoneal difusa. Además el vólvulo del ciego o del sigma puede abombar el centro del abdomen: de ahí que no es categórica aquella sistematización del meteorismo en «central» y «periférico» para el diagnóstico topográfico del nivel de la obstrucción. Muchas veces se observan las contracciones peristálticas del intestino por detrás del punto ocluido; aunque este fenómeno es más visible en las oclusiones crónicas. Hay, a la larga, casi siempre, colapso o choque; y todos los síntomas del abdomen agudo (Þ), pero todo ello es precoz y marcado en las formas con estrangulación, no en la simple obturación. Los vómitos muy reiterados y la acumulación de líquidos en el tramo intestinal distendido que precede al obstáculo determinan una rápida pérdida del plasma: deshidratación (Þ), con acidosis o alcalosis, disminución de los cloruros de la sangre y aumento de la azoemia (Þ). Orina escasa, ligeramente albuminosa, con enorme indicanuria, tanto más precoz cuanto más alta es la oclusión. Gran leucocitosis. El diagnóstico diferencial se plantea con las peritonitis generalizadas, con las pancreatitis agudas, con los distintos cólicos y, en general, con todas las formas de abdomen agudo. Es inútil insistir en este problema diferencial, pues antes de que se resuelva se suele plantear la necesidad de la intervención. La radiografía simple mostrará la localización y extensión de las asas meteorizadas y si se hace en bipedestación los niveles hidroaéreos típicos. El enema opaco puede añadir precisión respecto del obstáculo.

     B) El síndrome de la oclusión crónica es menos dramático. Aparece en individuos estreñidos aun cuando a veces hay diarrea, alternando con el estreñimiento, por colitis o enteritis del tramo que precede a la estenosis; no debe olvidarse esto, pues hay clínicos que no conciben el síndrome oclusivo si no hay estreñimiento. La causa de este previo estreñimiento crónico suele ser fácil de relacionar, generalmente, con procesos tuberculosos en los jóvenes o con neoplasias intestinales en los viejos. Además del estreñimiento hay hiperperistaltismo de las asas que preceden al obstáculo por hipertrofia de la musculatura intestinal a medida que se ha ido obliterando la luz intestinal (Þ), con molestias, cada vez más intensas, durante la digestión, provocadas por el paso del contenido intestinal a través de la zona estrechada: grandes borborigmos, dolor cólico o epigástrico, a veces hemorragias, ocultas o visibles, debidas a ulceraciones del tramo intestinal que precede a la estrechez; por fin, poco a poco, se dibuja el mismo cuadro oclusivo agudo que acabo de describir.



  • asas intestinales meteorizadas
  • meteorismo epigastrico
  • síndrome oclusivo intestinal
  • Asas meteorizadas
  • asas intestinales muy meteorizadas

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