Edemas inflamatorios agudos y crónicos





Edemas inflamatorios agudos y crónicos:

      A) Toda inflamación aguda de la piel o de los órganos próximos determina un edema, ya circunscrito (por ejemplo, en torno de un furúnculo o de una dacriocistitis), ya difuso, como ocurre en la erisipela. El edema inflamatorio agudo caracterízase por el color rojo, el calor local, el dolor espontáneo y a la presión, la marcha, generalmente aguda, la fiebre y el casi constante hallazgo, fácil, del foco inflamatorio responsable. El carbunco, el muermo, la gangrena gaseosa y otras muchas infecciones producen edemas de este tipo, así como cualquier flebitis, linfangitis o celulitis (flemones) y en torno a una osteomielitis.

     B) Cuando los brotes inflamatorios se repiten, pueden dar lugar al edema inflamatorio crónico, en el que el color se hace casi normal, y es apirético, casi indoloro, duro y elástico. Puede confundirse con los edemas circulatorios, renales o tróficos. Por ejemplo, en las erisipelas de repetición, en la cara, suele producirse edema crónico, localizado principalmente en los párpados, que reproduce el edema nefrítico o el mixedematoso. Otro ejemplo es el de los edemas crónicos de los párpados, debidos a celulitis de la órbita, consecutivos a infecciones crónicas de los senos frontal o etmoidal o a dacriocistitis crónica. O bien, los edemas inflamatorios consecutivos a úlceras crónicas, generalmente varicosas, o a dermopatías profesionales (Þ), infectadas, con linfangitis; a veces estas lesiones pueden ser mínimas en relación con la intensidad del edema. El diagnóstico diferencial se hace por la ausencia de lesiones circulatorias, renales, tiroideas, etc., por los antecedentes de la inflamación repetida; por la dureza elástica de la infiltración; por su inobediencia a los remedios circulatorios, diuréticos, etc.

     C) Una forma frecuente del edema inflamatorio es el de la gota, que afecta a todo el pie o mano; puede confundirse con el debido a flemones o linfangitis; se diferencia por la agudeza del dolor articular, por los antecedentes del enfermo, por la existencia de tofos, a veces por la hiperuricemia; por su sensibilidad al cólchico y al atofán.

     D) Edemas de origen microbiano o parasitario. Ciertas infecciones o intoxicaciones de origen infeccioso pueden producir edemas generalizados; citaré la disentería bacilar, las intoxicaciones por alimentos contaminados por los bacilos del grupo Gärtner (Salmonella enteriditis y otros), el tifus recurrente, y la anquilostomiasis y la distomatosis intestinal o las diversas tenias, en sus formas graves. Sobre la participación de la anemia en estos edemas, (Þ). La importancia de los otros síntomas quita todo valor diagnóstico al edema y en las formas agudas es más frecuente la deshidratación.

     E) Merece un comentario aparte el edema de la triquinosis (Þ), pues, en esta infección, puede ser síntoma inicial y predominante. Se localiza principalmente en los párpados y se acompaña, a veces, de equimosis de la córnea; pero en otros casos se observan también edemas de toda la cara o generalizados o localizados en el escroto o en la vulva. La triquinosis debe buscarse siempre que se presenten edemas palpebrales crónicos e inexplicados. La miasis por hipodermia bobis puede producir edemas circunscritos (Þ).

     F) Las vasculitis o angeítis sistémicas determinan edemas por aumento de la permeabilidad capilar.



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