Diagnóstico de la causa.





 

Comprobado el síndrome cerebeloso, debe intentarse el diagnóstico de la causa, con arreglo a la siguiente pauta:

     A) Tumores. Su sintomatología puede ser muy clara: por lo común, jóvenes o en la edad media, con ausencia de otras etiologías; a veces, con un cáncer en otra región, del que el cerebeloso puede ser una metástasis; con síntomas de hipertensión craneal (Þ), y con el síndrome cerebeloso. Son frecuentes en el cerebelo los astrocitomas, los quistes congénitos y los angioblastomas, generalmente múltiples; no es raro el angioma cerebeloso con angioma de la retina y malformaciones, generalmente quísticas, del riñón y del páncreas (Hippel-Lindau). Mejoran estos síntomas con la edad. El angioma, a veces, se calcifica. En el niño son frecuentes los meduloblastomas. El hemangioma  cerebeloso cursa a veces con poliglobulia.

     No es raro que un tumor de otra localización (por ejemplo, del lóbulo frontal) dé lugar al síndrome cerebeloso, por compresión lejana.

     Sobre los tumores del ángulo pontocerebeloso, (Þ). En éstos se asocia un síndrome vestibular y acústico al cerebeloso; a menudo también se afectan el facial, el trigémino y el VI par.

     B) Abscesos. Son bastante frecuentes. Pueden evolucionar silenciosamente o sólo con síntomas generales, como la fiebre; y, a veces, muerte súbita como primera manifestación. Otras veces, el síndrome cerebeloso es muy típico:

     1. Es muy significativa la existencia previa de lesiones supuradas, sobre todo las del cráneo, y, muy especialmente, del oído: un síndrome cerebeloso en un otorreico es seguramente un absceso. Comienza por cefalea localizada; fiebre, quizá sólo episódica; obnubilación intelectual que puede ser tardía; nistagmus de grandes oscilaciones dirigidas al lado enfermo; este nistagmus puede invertirse hacia el lado sano y se considera, entonces, como de muy mal pronóstico; finalmente, puede observarse la desviación conjugada de la cabeza y ojos.

     2. También puede aparecer el absceso durante o después de infecciones generales por metástasis hemática.

     C) Hemorragia y reblandecimiento cerebeloso, por arteritis sifilítica o por arteriosclerosis de las arterias cerebelosas. El diagnóstico se sospecha por el ictus previo, que en bastantes ocasiones falta; y por las lesiones vasculares preexistentes (Þ y Þ). A veces el síndrome cerebeloso es precedido de una temporada de cefalea occipital intensa, con vértigos. El líquido cefalorraquídeo suele ser hemático o xantocrómico. La hemorragia cerebelosa se reconoce, en el momento de producirse, por la intensidad y brusquedad en la aparición del vértigo, acompañado de cefalea y ataxia.

     D) Atrofia del cerebelo. Es una afección excepcional, congénita o adquirida (postencefalítica o postmeningítica, o consecutiva a intensas lesiones vasculares). Afecta casi siempre a la corteza cerebelosa y a los núcleos grises del pedúnculo (atrofia olivopontocerebelosa). El síndrome cerebeloso suele ser muy puro. Casi siempre acaece en individuos muy asténicos. Se puede sospechar, sobre todo, el congénito, por el hecho del congenitalismo; y, mucho más difícilmente, el adquirido, por la lenta instauración del síndrome y la ausencia de hipertensión craneal. Algunas veces las lesiones atróficas y el síndrome cerebeloso se combinan con otros síndromes nerviosos, como en la ataxia espinal familiar (Friedreich) o la disinergia cerebelosa mioclónica (Þ).

    E) Aracnoiditis de la fosa cerebral posterior. Las frecuentes intervenciones craneales han permitido descubrir algunos casos en los que un síndrome cerebeloso, diagnosticado de tumor o de absceso, estaba producido por una aracnoiditis de la fosa cerebral posterior, con antecedentes banales o nulos.

     F) Traumatismos. Las conmociones, golpes, heridas, en la región occipital, pueden originar este síndrome, aunque no frecuentemente; casi siempre son mortales.

     G) Infecciones. En el curso de infecciones diversas (paludismo, tifoidea, tifus exantemático, reumatismo, gripe, etc.) pueden aparecer síntomas cerebelosos, por afectación transitoria de este órgano. Se trata, por tanto, de un estado distinto del absceso metastásico en las septicemias, antes citado.

     H) Intoxicaciones. Algunas de ellas, sobre todo la alcohólica, en su forma aguda, producen un verdadero síndrome cerebeloso. También la saturnina. Y, menos veces, la intoxicación por el bromuro de metilo, en los obreros de las fábricas de extintores de incendios (Þ).

     I) Enfermedades nerviosas con síndrome cerebeloso constante. Las dos enfermedades familiares en que existe el síndrome cerebeloso son: la ataxia espinal familiar, de Friedreich, en la que el elemento cerebeloso suele ser poco marcado; y la heredoataxia cerebelosa de Marie (Þ), en la que los síntomas cerebelosos predominan.

     J) Enfermedades nerviosas con síndrome cerebeloso eventual. El síndrome cerebeloso es bastante frecuente en la esclerosis en placas (Þ), menos frecuente en la encefalitis epidémica (Þ); menos aún, en la parálisis general y en la tabes y en el corea.

     K) En la enfermedad de Hartnup, afección hereditaria autosómica recesiva, existe ataxia cerebelosa retraso mental, labilidad emocional y dermatitis pelagroide. Es una tubulopatía renal con trastorno en el transporte de aminoácidos y especialmente del triptófano, aparece un exceso de indol e indicán en la orina. Existe trastorno también de la reabsorción enteral del triptófano. Hay que evitar la exposición solar y la medicación sulfamídica.

     L) En la enfermedad de Refsum, otra afección hereditaria autosómica recesiva, aparece también ataxia cerebelosa y además otros trastornos neurológicos: polineuropatía con parestesias, dolores en las piernas, marcha insegura, atrofias musculares, paresias y falta de reflejos; alteraciones oculares con retinitis pigmentosa, ceguera nocturna, reducción de campos visuales. Además suele coexistir sordera y mudez.



  • pronostico sindrome cerebeloso

  • metastasis cerebelosas
  • ataxia pontocerebelosa
  • angioma cerebeloso
  • Del angioma se produce el abseso

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