Desviaciones del erotismo.





Entre las desviaciones del erotismo, la más importante es la homosexualidad o atracción por el mismo sexo. Es mucho más frecuente en la mujer que en el hombre; pero en éste constituye un problema médico y social mucho más importante que en aquélla. La homosexualidad se explica por la bisexualidad inicial del organismo, hoy admitida por todos. El erotismo normal no es una tendencia absoluta, sino la tendencia erótica predominante; la otra, la tendencia homosexual, queda sumergida, ahogada, en el organismo normal; pero puede subsistir y reaparecer en el curso de la vida, ya por accidentes patológicos, ya, sobre todo, si se favorece por influencias ambientales perversas. En el individuo homosexual genuino, esta tendencia homosexual es, ab initio, la que predomina; en estos casos, la homosexualidad coincide muchas veces, no siempre, con signos somáticos de intersexualidad, de feminización en el hombre y de virilización en la mujer.

     A) Las formas predominantes de la homosexualidad en el varón son:

     1. Homosexualidad verdadera, permanente. En el organismo se encuentran signos evidentes o solapados, de feminización (Þ); o bien, los hubo en la fase intersexual de la pubertad (Þ), aun cuando en la madurez hayan desaparecido. Estos signos somáticos pueden ser muy leves; muchas veces se denuncian sólo por movimientos y gestos feminoides exagerados. Es frecuente la mano hipogenital (Þ); y la piel caliente (Þ). Estos homosexuales verdaderos se dividen en dos grandes grupos que interesa conocer al médico:

      a) Los que tienen una conciencia de la «legalidad biológica»), por decirlo así, de su anormalidad y exhiben ésta y la practican naturalmente.

      b) Los vergonzantes, en los que domina la conciencia de la «ilegalidad social», de su anormalidad y la ocultan y no la practican, o sólo raramente, y sin escándalo; en esta segunda variedad es, sin duda, la desviación intersexual menos marcada que en la primera, y se acompaña menos veces de los signos físicos y funcionales reveladores.

     2. Homosexualidad latente, con brotes accidentales. En estos casos, el erotismo y la conducta sexual habituales son normales; pero en circunstancias patológicas, como el alcoholismo, la toxicosis morfínica o cocaínica, ciertas lesiones nerviosas, como la neurosífilis, o, simplemente, la senectud, aparece por períodos la homosexualidad. Este grupo corresponde al llamado por los autores erotismo bisexual, es decir, hombres que proceden en épocas distintas ya con arreglo a normas fisiológicas, ya como homosexuales.

     3. Homosexualidad de los prostituidos. Teóricamente, en estos casos la predisposición homosexual no existe y su conducta anormal es debida a un envilecimiento moral, sin ser, por tanto, verdadera perturbación del erotismo. Pero, en realidad, estos profesionales anormales se reclutan casi siempre en individuos con una cierta predisposición intersexual.

     4. Falsa homosexualidad. (Neurosis sexual con complejo de homosexualidad). Se trata de neuróticos con timidez sexual u obsesionados por algún incidente de matiz homosexual, en el fondo normal, ocurrido durante su vida prepuberal; o por alguna anomalía de carácter feminoide de su organismo (por ejemplo, órganos genitales de tipo pequeño, falta de barba, etcétera: en suma, los mismos detalles que engendran la timidez); a favor de estas circunstancias y de la predisposición neurótica, se crea en ellos el complejo de la homosexualidad y llegan a convencerse de que son homosexuales; y así, viven aterrados por la responsabilidad moral de serlo y socialmente disminuidos. Son casos muy frecuentes. El estudio profundo de la génesis de su anomalía llega a hacer posible la diferenciación de estos casos de los de homosexualidad verdadera; y, desde luego, su curación.

     B) En la mujer la homosexualidad es muy frecuente, sin duda por la situación adolescente del organismo y de la fisiología femeninos. A esto mismo se debe el que la práctica homosexual tenga en la mujer un sentido socialmente menos grave que la masculina. Por ello la mujer se desvía hacia la práctica homosexual más fácilmente que el varón, incluso sin poseer una verdadera inversión de su instinto, como, por ejemplo, por evitar el embarazo, en épocas de escasez. Hay, en la mujer, que distinguir:

     1. Una homosexualidad activa, en la mujer viriloide, que juega el papel masculino, con mujeres muy femeninas o aniñadas.

     2. Una homosexualidad pasiva, que generalmente es una simple prostitución, en mujeres de feminidad estricta.

     3. La falsa homosexualidad o neurosis sexual de sentido homosexual es muy poco frecuente en la mujer.

     C) Considero como una forma de homosexualidad el narcisismo o admiración erótica de sí mismo. Tiene, como todas las desviaciones del erotismo normal, una base fisiológica en ciertas edades de la vida, las próximas a la pubertad, en las que es normal un cierto grado de narcisismo. Sólo tiene un sentido francamente anormal cuando es muy intenso y perdurable. Sin embargo, aun en estas formas extremas, casi nunca se considera como fenómeno verdaderamente patológico, sobre todo en las mujeres.



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