Dermohemorragias por enfermedades generales no infecciosas.





Dermohemorragias por enfermedades generales no infecciosas:

      A) Las más frecuentemente acompañadas de hemorragias cutáneas son las afecciones hepáticas:

     1. Cirrosis (Þ). Probablemente las hemorragias de las cirrosis tienen relación con las telangiectasias y las varices esofágicas por la hipertensión portal y con fenómenos hipoavitaminósicos, sobre todo escasez de vitamina K, necesaria para la formación de la protrombina en la sangre. El tratamiento con vitamina K, puede tener, si es eficaz, valor diagnóstico. Pero cuando existe una insuficiencia hepatocelular grave, a pesar de la administración parenteral de vitamina K no se sintetiza la protrombina y siguen las hemorragias.

     2. Estos factores patogénicos hipoavitamínicos, aún no bien definidos, son aplicables a todos los demás estados hemorrágicos de origen hepático, pero sobre todo a la ictericia por obstrucción del colédoco con síndrome hemorrágico, no sólo de la piel, sino, a veces, también visceral. Aquí existe un déficit de absorción, por la acolia, de las vitaminas hiposolubles —también la K— que sí se corrige con el suministro parenteral de la misma.

     3. Atrofia amarilla aguda (Þ). El síndrome hemorrágico es, en ella, muy importante.

     4. Se han descrito casos de hemorragias cutáneas en la fístula biliar de larga duración (por probable falta de vitamina K, como he dicho).

     5. En la ictericia hemorrágica del recién nacido (Winkel), las hemorragias cutáneas forman, frecuentemente, parte del mortal síndrome (Þ).
     B) La nefritis crónica, independientemente de la hipertensión, se acompaña, algunas veces, de hemorragias cutáneas (¿por trombocitopenia tóxica?).

     En realidad, la púrpura de la uremia crónica de cualquier origen, se incluye entre las angiopáticas, por capilaritis tóxica, aunque puede contribuir un factor plaquetario, cualitativo o cuantitativo.

     C) En los estados caquécticos, cualquiera que sea su causa, puede haber dermohemorragia (¿trombocitopenia tóxica?, ¿hipoavitaminosis?).

     D) Dermohemorragias por enfermedades endocrinas. En diferentes endocrinopatías se observan petequias o equimosis o hemorragias mucosas que se han querido relacionar con perturbaciones del metabolismo cálcico, con avitaminosis adjuntas o con otros mecanismos:

     1. En la insuficiencia ovárica vemos no raras veces las equimosis benignas (cardenales), dependientes del estado que he descrito como fragilidad vascular idiopática (Þ). Otras veces, para su explicación podría invocarse un verdadero estado purpúrico, pues se encuentran todos los síntomas de la hemogenia grave (Þ), asociados a la insuficiencia ovárica coincidiendo exactamente con los días del período ausente; y se mejoran por la foliculina. Estas equimosis se producen más fácilmente en los días premenstruales, y también en el climaterio (independientemente de la hipertensión propia de esta edad).

     2 En la tetania crónica puede haber hemorragias cutáneas o mucosas o viscerales; a veces, hemorragias meníngeas, en cuya génesis pueden influir también fenómenos vasomotores intensos.

     3. En la insuficiencia tiroidea, sobre todo infantil, hay, a veces, tendencias a las hemorragias viscerales o a las cutáneas, por plaquetopenia (Marañón) (Þ).

     4. En el hipertiroidismo grave, caquéctico, he observado, a veces, tendencia equimótica o petequial. Probablemente en relación más directa con la caquexia que con el hipertiroidismo.

     5. En la insuficiencia suprarrenal aguda, hemorrágica del niño antes citada, acompañando a ciertas infecciones y sobre todo a la meningococemia (Waterhouse-Friderichsen). Lo probable es que la infección despierte un estado purpúrico latente y que la púrpura afecte a las suprarrenales, dando lugar a su apoplejía (Þ).

     6. En el síndrome de basofilismo hipofisario (Cushing) (Þ), puede haber dermohemorragias, sin duda, por la hipertensión, el hipercatabolismo proteico tisular y cutáneo y las telangiectasias

     También, naturalmente; en el hipercorticismo del síndrome de Cushing, es decir, primariamente suprarrenal.

     7. En la diabetes, por la angiopatía diabética y la frecuente hipertensión acompañante, aunque suele expresarse generalmente en forma de hemorragias conjuntivales y retinianas.

     E) Pueden citarse aquí las hemorragias cutáneas, y viscerales, en la enfermedad marmórea de los huesos (Þ).

     F) En enfermedades intestinales graves, como la enteritis con diarrea muy intensa y prolongada, como el esprue (Þ), las ileítis (Þ) muy acentuadas (se supone que por falta de absorción de la vitamina K).

     G) Equimosis periumbilicales por ruptura, espontánea o por anticoagulantes, del músculo recto abdominal; inicialmente como hematoma coleccionado en su vaina, en forma de masa dolorosa paramedial, detectable por palpación, ecografía o TAC. Ya se citó el hematoma umbilical en la pancreatitis aguda, que también puede localizarse en los flancos. Equimosis lumbar o inguinal pueden señalar la aparición de un hematoma perirrenal espontáneo.



  • equimosis inguinal

  • hemorragia cutanea
  • equimosis premestruales
  • equimosis lumbar
  • equimosis periumbilicales

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