Conjuntivitis.





Conjuntivitis.  Es la conjuntivitis un síndrome muy frecuente, cuyas posibles causas debe conocer, por lo menos elementalmente, el internista. Toda conjuntivitis presenta un cierto número de síntomas comunes: enrojecimiento por inyección vascular, fotofobia, secreciones diversas (desde la acuosa a la purulenta o seudomembranosa); diversas sensaciones subjetivas que, cuando son francamente dolorosas, suelen indicar que la córnea está afectada, siquiera superficialmente. He aquí sus principales etiologías:

     A) Conjuntivitis catarral. Puede ser aguda o crónica; esta última, consecutiva a aquélla. A veces se asocian a la inflamación superficial de la córnea. Las más frecuentes son:

     1. Traumática: cuerpos extraños; permanencia en atmósferas polvorientas o irritantes; golpes, etc.; o acción de líquidos irritantes (incluso terapéuticos, como el catarro atropínico).

     2. La debida a luz intensa (fotoftalmía): nieve, luz de lámparas muy potentes, etc. Los síntomas son, a veces, tardíos; por ejemplo, a las doce o más horas de una jornada en la nieve. En las personas que padecen porfiria (Þ) hay una fotosensibilización que facilita la conjuntivitis por la luz, así como las queratitis e iritis.

     3. Epidémica: debida al neumococo o a otros gérmenes; más frecuente en la primavera o el otoño. Una forma frecuente, en la actualidad, es la conjuntivitis de las piscinas (generalmente de neumococos).

     4. La conjuntivitis catarral aguda aparece en el comienzo de varias enfermedades infecciosas: escarlatina, erisipela, etc., y, sobre todo, sarampión; en tiempos de epidemia, una conjuntivitis con fiebre en un niño indica muy probablemente esta enfermedad. En ciertas epidemias de gripe (especialmente en las primeras semanas de la epidemia) puede haber conjuntivitis, que hace pensar en el sarampión. También es muy frecuente en el tifus exantemático; cuando había epidemias de esta enfermedad en España, era un síntoma que nos servía muy bien para diferenciar el tifus de la tifoidea. En la viruela y en la leptospirosis icterohemorrágica puede también ser muy precoz e intensa. Se ha descrito algún caso en la meningococia. En la tularemia, excepcional entre nosotros, el comienzo de la enfermedad puede ser una conjuntivitis con blefaritis e intensa adenopatía cervical y fiebre (Þ). También en la brucelosis ocasionalmente, en infecciones por Mycoplasma, en la listeriosis, yersinosis, fiebre papataci, fiebre amarilla, enfermedad de Chagas, lepra lepromatosa. En la varicela pueden aparecer vesículas en la conjuntiva, sobre un fondo de conjuntivitis como enantema. También conjuntivitis en la fase inicial de la peste.

     5. Hay casos de conjuntivitis crónica por triquinosis, a veces con hemorragia subconjuntival; sospechable cuando coexisten los otros síntomas de esta enfermedad, entre ellos el edema de los párpados (Þ). En otras parasitosis: por Loa loa y diversos vermes, incluso los Ascaris pueden producir una conjuntivitis como reacción alérgica.

     6. Hay una forma conjuntival de la mononucleosis infecciosa (Þ).

     7. Con el nombre de conjuntivitis de Parinaud se describe una conjuntivitis infecciosa con adenopatías muy marcadas, desproporcionadas a la infección ocular; sobre todo del ganglio preauricular y de los submaxilares. Probablemente, no se trata de una enfermedad especial, sino de conjuntivitis banales que acaecen en individuos con estado linfático; o bien de síndromes conjuntivoganglionares producidos por el germen de la linfogranulomatosis de Nicolas-Favre (Þ) o de la enfermedad de Besnier-Boeck-Schaumann (Þ); desde luego, la uveoparotiditis (Þ), manifestación típica de esta enfermedad de Besnier-Boeck-Schaumann, o sarcoidosis se acompaña muchas veces de conjuntivitis.

     8) Por el ozono (en las alturas o vuelos ultrasónicos) se produce una irritación de las mucosas, con sequedad, quemazón ocular y conjuntivitis, así como tos irritativa.

     B) No es seguro que sea una entidad aparte la llamada conjuntivitis folicular, que es, en suma, una conjuntivitis catarral, aguda o crónica, en la que aparecen, sobre todo en el párpado inferior, granulaciones pálidas, translúcidas, redondeadas, del tamaño de una cabeza de alfiler. Las mismas causas que la conjuntivitis catarral producen la folicular; pero a ellas se añade un terreno pobre, de mala herencia, mala higiene, mala alimentación. Se trata, casi siempre, de niños con estado linfático (Þ); las granulaciones son de tejido adenoideo.

     C) Conjuntivitis blenorrágica y de otras etiologías infecciosas:

     1. En el adulto, los síntomas de gran conjuntivitis, generalmente con hemorragia subconjuntival, se asocian, en la blenorrágica, a los de una intensa blefaritis que ocluye el ojo, dejando escapar por la hendidura palpebral una secreción serosa que rápidamente se transforma en purulenta, por lo que impropiamente se ha llamado a esta afección conjuntivitis purulenta. Puede haber lesión corneal, muy dolorosa. Suele ser unilateral. Dura dos o tres semanas. Cuando el sujeto padece una gonococia (generalmente aguda; menos veces, crónica), el diagnóstico es fácil; no así cuando el contagio se ha hecho por medios indirectos, no venéreos (toallas u otros objetos contaminados). El análisis bacteriológico del pus, decide.

     2. Una forma especial de la conjuntivitis blenorrágica es la oftalmía del recién nacido. Aparece hacia el tercer día (si el contagio se ha hecho en el momento del parto) o después (si el contagio es posterior). Es casi siempre bilateral, sobre todo las precoces. Los síntomas son análogos a los del adulto, con posible infección de la córnea; pero, en general, menos intensos que en aquélla.

     3. No debe olvidarse que, aproximadamente, un tercio de las conjuntivitis del recién nacido no son gonocócicas, sino debidas a neumococos, estreptococos, etc.

     4. En el adulto, tampoco todas las conjuntivitis con uretritis son gonocócicas; se ha descrito especialmente una conjuntivitis, con iritis, uretritis y artropatía no genocócica (Reiter) (Þ).

     D) Conjuntivitis por focos sépticos, sobre todo sinusales, ya simples, ya acompañados de iritis; son una realidad aun cuando se ha exagerado.

     E) Las conjuntivitis alérgicas, muchas veces acompañadas de coriza por rinitis alérgica o vasomotora se diagnostican hoy, con razón, menos que antes; en realidad, la alergia es sólo un modo de acción de las otras etiologías, cuando actúan reiteradamente, por ejemplo, la focal. Puede aparecer en primavera (Þ).

     F) Conjuntivitis membranosas:

     Casi siempre son diftéricas, acompañando a los síntomas faríngeos de esa enfermedad (Þ). Sus molestias son muy intensas, con grave blefaritis: párpados duros, difíciles de invertir; tendencia a la escara de los tejidos, con retracciones y deformidades consecutivas; hay una secreción espesa, fibrosa, seudomembranosa o membranosa, acompañada de líquido seroso, muy turbio; ganglios, tumefactos. En los exudados se encuentra, aunque no siempre (su ausencia no invalida, pues, el diagnóstico clínico), el bacilo de Löffler.

     2. Muy raramente se observa otra forma de conjuntivitis membranosa, no diftérica, la llamada crupal, en la que, después de unos días de conjuntivitis de aspecto catarral, se forman exudados membranosos extensos, superficiales, que no se acompañan de infiltración profunda de los tejidos, ni de tendencia a escara, ni de adenopatía, ni de síntomas faríngeos y generales de la diftérica. A veces es, sin embargo, de naturaleza diftérica, aunque atenuada. La diferenciación exacta sólo se hará cuando se encuentren los gérmenes responsables: gonococo, estreptococo, neumococo; otras veces, no es infecciosa, sino química (quemaduras por ácidos, nitrato de plata, etc.) o mecánica (traumática, vapores irritantes, etcétera).

     G) Tracoma (conjuntivitis granulosa). Se caracteriza esta conjuntivitis —frecuentísima, epidémica en algunos países— por la presencia de granulaciones grisáceas, redondeadas, translúcidas; la lesión es bilateral; la conjuntiva está hipertrofiada; los párpados, retraídos, mostrando sus bordes rojos; hay secreción variable en cantidad y calidad, según los períodos del larguísimo proceso; las molestias subjetivas (fotofobia, sensación de quemadura, de cuerpo extraño), unas veces grandes, son otras atenuadas, o no existen. Es enfermedad progresiva muy lenta y larga, y termina por una fase cicatrizal que deforma típicamente los párpados. Su diagnóstico es evidente, por la noción epidémica y por las características de las lesiones agudas o de las cicatrices. Es muy contagiosa; se ignora su germen productor; sin duda, influyen en el contagio las malas condiciones de alimentación e higiene. En el sur de España es frecuente.

     H) Conjuntivitis flictenular, conjuntivitis escrofulosa. Es una conjuntivitis crónica que aparece en niños o jóvenes de deficiente estado general, mal alimentados, con estado linfático, como la folicular (Þ), con la que no debe confundirse. Algunos consideran que es siempre tuberculosa. Sobre la conjuntiva intacta o hiperemiada aparecen, generalmente por series, uno o varios pequeños nódulos grises, del tamaño de la cabeza de alfiler o algo mayores, que, después de algún tiempo, se ulceran y cicatrizan sin dejar señal; toda esta evolución dura una o dos semanas. Algunos de estos nódulos y úlceras pueden adquirir gran tamaño (oftalmía pustulosa), y afectar a la córnea, sobre todo el limbo de ésta (queratitis marginal). Las molestias subjetivas son, entonces, intensísimas. Se considera la conjuntivitis flictenular una toxituberculide alérgica o una reacción inmune inespecífica.

     I) Conjuntivitis en afecciones reumáticas. Ya se ha citado el síndrome de Reiter. También en la fiebre reumática y en la artritis reumatoide.

     J) En la ectodermosis erosiva pluriorificial o síndrome de Stevens-Johnson, junto a rinitis, estomatitis, uretritis, etc.



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