Cistitis.





Cistitis.  Sus síntomas son tan expresivos, que el diagnóstico lo hace casi siempre el propio enfermo: polaquiuria (Þ); dolor a la micción (Þ), y piuria (Þ). Los gérmenes que dan lugar a la mayoría de las infecciones vesicales pueden penetrar por vía uretral; o descender del riñón; o transmitirse, por vía linfática, a partir de inflamaciones vecinas. La cistitis se presenta en forma aguda o crónica. Los casos crónicos pueden ser, sintomatológicamente, latentes, apareciendo el brote de recrudecimiento después de excesos de comida y bebida o sexuales o de ejercicio (sobre todo equitación y bicicleta); o espontáneamente; en la mujer, pueden ocurrir las recaídas con ocasión de los episodios sexuales (menstruación, gravidez, climaterio).

     Las principales formas clínicas de la cistitis son las siguientes:

     A) Cistitis blenorrágica. Aparece hacia la tercera o cuarta semana de la uretritis aguda (Þ), con toda la sintomatología cistítica muy acusada y, a veces, hematuria. Su diagnóstico es obvio.

     B) Cistitis colibacilar. Es frecuentísima, aunque no siempre puede darse al hallazgo del colibacilo en la orina un valor etiológico absoluto, pues muchas veces la colibaciluria es un acompañamiento de otras lesiones. Es, pues, preciso eliminar antes todas las otras causas (litiasis, tumores, etc.). Además, el colibacilo debe ser muy abundante y su hallazgo reiterado, para ser considerado como patógeno. Puede encontrarse asociado a otros gérmenes (estafilococos, estreptococo, tifoideo, anaerobios, etc.). Con mucha frecuencia, la cistitis colibacilar es consecutiva o contemporánea a una pielitis. Puede presentarse en forma aguda, generalmente con fiebre alta (Þ) o en forma crónica, latente, con episodios agudos que aparecen ya espontáneamente, ya por las causas favorecedoras antes citadas. Las cistitis de los estreñidos crónicos o de los portadores de infecciones crónicas del intestino grueso suelen ser colibacilares, constituyendo el síndrome llamado enterorrenal.

     C) Cistitis tuberculosa. Casi sin excepción es secundaria a la tuberculosis renal (Þ). Suele ser muy dolorosa y se acompaña de frecuente hematuria y febrícula. Su interés diagnóstico se debe a que, en ocasiones, es esta cistitis la primera manifestación clínica de la tuberculosis renal, apareciendo cuando el enfermo conserva una salud aparente, y antes de toda febrícula. En todo individuo joven, una cistitis sin causa clara, con hematuria y febrícula debe ser sospechada de tuberculosa. El diagnóstico etiológico se hace por el examen cistoscópico y la investigación bacteriológica de la orina.

     D) Cistitis calculosa. La cistitis es un accidente frecuente en la litiasis vesical, generalmente de diagnóstico indudable por el previo conocimiento de la litiasis. Hay, sin embargo, casos de calculosis vesical ignorada, que se denuncian por una cistitis cuya verdadera causa sólo se descubre por la cistoscopia y la radiografía.

     E) Cistitis en el curso de enfermedades infecciosas. Todas ellas pueden dar lugar a esta complicación, ya por el germen responsable puro, ya asociado al colibacilo. Las más frecuentes son la cistitis de la tifoidea, de las septicemias, sobre todo las estafilocócicas, etc. Citaré también la que aparece en el curso de la enfermedad de Nicolas-Favre (Þ).

     F) Cistitis por retención. Todas las causas de la retención (Þ) favorecen la pululación y patogenización de los gérmenes, principalmente de los colibacilos; sobre todo en los enfermos sometidos a cateterismos frecuentes.

     G) Cistitis consecutivas al cáncer. Como en la cistitis de la calculosis, hay que distinguir aquí dos casos: el más corriente, en el que la cistitis aparece después de diagnosticado el cáncer, sin valor diagnóstico; y el de que una cistitis denuncie un tumor hasta entonces ignorado, cuyo diagnóstico se hace con esta ocasión.

     H) Bilharziosis. El Schistosoma haematobium produce una infección de la vejiga muy interesante, aunque rara entre nosotros (algunos casos en Canarias). El germen penetra a través de la piel humana, y quizá también por el aparato digestivo; en el interior de las venas, el parásito adquiere su madurez, sobre todo en la porta y en los plexos perivesicales; los huevos allí depositados emigran a los tejidos próximos, sobre todo al de la vejiga de la orina, ocasionando ya una simple cistitis, de sintomatología habitual, generalmente muy sangrante, que suele recordar la tuberculosa, ya papilomas o formaciones neoplásicas. Puede todo el cuadro reducirse al síndrome vesical o acompañarse de fenómenos generales (urticaria o eritemas, bronquitis, diarrea mucosanguinolenta, fiebre). Hay siempre notable eosinofilia. En algunos casos, durante años enteros, hay sólo hematuria, apareciendo o no, después, los signos cistíticos; otras veces, la cistitis es precoz. Puede haber pielitis concomitante. Anemia frecuente, aunque no haya hematuria. Son raras las localizaciones pulmonares, o en sistema nervioso central. El diagnóstico se hace por el hallazgo de los huevos del parásito en la orina; si hay sospechas vehementes y el examen de la orina ha sido negativo, puede procederse al raspado de la pared de la vejiga y análisis del sedimento de la orina emitido después. La biopsia del recto permite ver fácilmente los huevos del parásito en los casos, frecuentísimos, con síndrome intestinal. Se utiliza también para el diagnóstico la desviación del complemento. El antecedente tropical (principalmente Egipto, América tropical) es importante. Es importante la vigilancia de la posible complicación ureteral: estenosis uni o bilateral, a veces múltiples que la pielografía descubren, así como las dilataciones y posible hidronefrosis. Existen calcificaciones vesicales y ureterales visibles en la urografía.

     I) Cistitis traumática. Su diagnóstico es evidente.

     J) Cistitis químicas. Se producen ya por inyección de sustancias irritantes, ya, sobre todo, en sujetos de vejiga irritable (Þ), al eliminarse ciertos medicamentos, los más diversos (fósforo, urotropina —muy frecuente—, helmintol, cantaridina, yoduros, etc.). La ciclofosfamida produce cistitis hemorrágicas, a veces con grandes coágulos en la vejiga.



  • cistitis aguda sangrante
  • cistitis tuberculosa
  • cistitis sangrante

  • cistitis traumatica
  • cistitis blenorragica

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