Arteriosclerosis generalizada





 

Arteriosclerosis generalizada.  Si no hay localizaciones determinadas, la arteriosclerosis evoluciona, durante largo tiempo, sin síntomas subjetivos. Más adelante las arterias, alargadas, serpenteantes y endurecidas, se ven y se palpan; aun entonces, aun comprobándose extensas calcificaciones a la radiografía, puede no haber síntoma alguno, circulatorio ni visceral. Una intensa y difusa degeneración arterial coincide muchas veces, en efecto, con tensión arterial normal y con un funcionamiento del miocardio irreprochable. Faltan también los síntomas funcionales psíquicos, dinámicos, etc., siempre que el individuo se atenga a una vida apropiada a su edad; buena parte de las primeras manifestaciones de cansancio circulatorio, muscular, sexual, psíquico, etc., que se atribuyen a la arteriosclerosis, se deben a abusos de la vitalidad. Más adelante sobrevienen los signos de la decadencia orgánica y funcional propios de la senilidad, que no son síntomas rigurosamente arteriosclerósicos, pues la senectud no depende sólo del estado vascular, aunque es evidente que uno de los indicios más significativos de la decadencia senil es el estado de las arterias. Se discute si la arteriosclerosis difusa es capaz de producir una caquexia; los casos indudables, con autopsia, que he visto, eran portadores de esclerosis renal con hiperazoemia (Þ).



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  • arteriosclerosis difusa

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