ANEURISMA DIÁGNOSTICO





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Diagnóstico de localización.
  Las principales localizaciones del aneurisma son:
A) Aneurisma de la aorta intratorácica . El aneurisma de un seno de Valsalva (en las sigmoideas aórticas) es una complicación posible en una endocarditis infecciosa. Se ausculta un soplo continuo o doble.

     Entre sus ramas destaca el aneurisma del tronco braquiocefálico por su posible confusión con un bocio intratorácico, ya que a menudo no late, por los coágulos que casi los rellenan.
B) Aneurisma de la aorta abdominal .
C) Aneurisma de las ramas de la aorta abdominal.
     1. El aneurisma del tronco celiaco da lugar a los mismos síntomas que el aneurisma del tronco aórtico abdominal; tal vez la palpación es más llamativa, así como el dolor espontáneo.
    2. El aneurisma de la arteria renal da lugar a un tumor pulsátil en la región renal, por lo común sin síntomas por parte del riñón, poco accesible a la palpación; puede ocasionar un soplo sistólico en una zona lumbar, paravertebral, o por delante en la zona paraumbilical. Es responsable de una hipertensión renovascular.
    3. El aneurisma de la arteria hepática es raro y de muy difícil diagnóstico. Se manifiesta sólo por hemorragias (hematemesis, melena); pero como este síntoma puede deberse, por lo común, a otras causas mucho más frecuentes (úlcera, cáncer, etc.), es excepcional el que se piense en el aneurisma. Hay, a veces, ictericia . Se dice que ha sido, no obstante, a veces, diagnosticado en vida por la presencia de sífilis y por la audición de un soplo con trill auscultando y palpando la región hepática; pero se comprende la excepcionalidad de esta contingencia. Puede ser una lesión secundaria a una periarteritis nudosa . La arteriografía permite demostrar éste y el aneurisma de la arteria renal.
    4. Aneurisma de las arterias ilíacas .
     D) Aneurisma de las arterias encefálicas. Puede ser congénito, coincidiendo entonces con otras malformaciones congénitas, del corazón o de otros órganos; o adquirido, por la sífilis o «micótico», en la endocarditis infecciosa. A veces, su primera manifestación es una apoplejía. Afecta sobre todo a la arteria basilar (27 por 100) y al trayecto intracraneal de la carótida (8 por 100). Se denuncia, antes de su posible ruptura, por los signos, no constantes, de la hipertensión craneal ; a veces, por el líquido cefalorraquídeo hemorrágico o xantocrómico (hemorragia subaracnoidea); y por los signos de compresión correspondientes a la localización. Es muy raro que se haga el diagnóstico en esta primera fase. Se cita la percepción, a la auscultación del cráneo, de un típico ruido vascular, sincrónico con el pulso; pero es signo rarísimo. El aneurisma de la arteria basilar puede dar lugar el curioso pero también excepcional síndrome de la hemiplejía pasajera y alternativa, en uno y otro lado, quizá con episodios de paraplejía, y siempre sin pérdida de conocimiento; puede provocar también parálisis craneales (motor ocular externo, facial, etc.). A veces el aneurisma de la carótida comunica con el seno cavernoso (aneurisma arteriovenoso), ya por evolución espontánea del aneurisma, ya si ha habido fractura de la base del cráneo, dando lugar a un síndrome, generalmente súbito, con parálisis oculares, alteraciones del trigémino, trastornos psíquicos (por el trastorno circulatorio), etc.; en algunos casos hay exoftalmo pulsátil  y soplo sobre el globo ocular. Si ocurre la ruptura, con signos de hemorragia subaracnoidea y apoplejía, el enfermo suele morir. Lo corriente es que se haga el diagnóstico en la operación, a la que se ha ido por el diagnóstico errado de tumor; o en la autopsia.


     Los aneurismas congénitos más frecuentes, en las arterias cerebrales, corresponden al polígono de Willis y predomina su asociación con la coartación de aorta (el 10 por 100 de éstos fallecen por hemorragia subaracnoidea: ruptura del aneurisma). También es frecuente la asociación de aneurismas cerebrales y enfermedad poliquística renal, siendo la hemorragia meníngea el 9 por 100 de los casos de muerte.
    E) Aneurismas de las arterias periféricas. Se presentan, por orden de frecuencia, en las arterias: femoral, poplítea, humeral, radial, subclavia, carotídea, o en cualquier otra. Su diagnóstico suele ser obvio por la simple palpación. A veces hay, como en el aneurisma de la subclavia, compresión de los nervios vecinos, dominando entonces en el cuadro el síndrome neurálgico.
     F) Aneurisma de la arteria pulmonar. Es excepcional. Sus síntomas son prácticamente idénticos a los del aneurisma aórtico. Sobre su diagnóstico radiográfico,.



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