Amigdalitis subagudas y crónicas.





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Amigdalitis subagudas y crónicas:

      A) La más importante para el clínico es la forma crónica de la amigdalitis séptica, frecuentísima, que aparece principalmente en niños o jóvenes con estado linfático. Unas veces, al comienzo de la infección crónica de las amígdalas, existe el episodio, generalmente repetido, de amigdalitis aguda, de cualquiera de las variedades descritas; otras veces no se puede precisar el comienzo agudo. En muchos casos la infección crónica está entrecortada de episodios de amigdalitis aguda o faringitis difusa, subaguda. En otros, la amigdalitis crónica es silenciosa, no produce molestia local alguna, manifestándose únicamente por el síndrome de la intoxicación focal (Þ), y por trastornos lejanos, como nefritis, artropatías endocarditis, etc.; puede ser también punto de partida de septicemias. Todo esto, que es exacto, ha sido en los últimos años exagerado hasta límites absurdos, sobre todo para decidir el tratamiento quirúrgico, del que se ha abusado notoriamente. La amígdala, cuando está infectada, aparece grande, con facilidad para eritematizarse; a veces, con criptas visibles, vacías o llenas de exudado cremoso, como tapones malolientes, que surgen a la expresión del órgano; pero este exudado puede no ser séptico, y, por sí solo, no autoriza a extirpar las amígdalas, ni menos a atemorizar al paciente con imaginarias, y por lo común no bien intencionadas explicaciones de graves peligros. Es cierto que amígdalas muy infectadas pueden tener aspecto y tamaño normales, e incluso estar retraídas, atrofiadas; pero todo esto debe juzgarse cotejando el cuadro clínico general y el informe de especialistas bien enterados y, sobre todo, serios. Algunos métodos para averiguar la septicidad de las amígdalas (masajes de éstas, que, si hay infección, determinan ligera hipertermia, leucocitosis y aumento de la velocidad de sedimentación) son inseguros. Los conceptos de «infección focal», crónica, han sido revisados en la actualidad y no admitidos generalmente. Ha caído, por ello, en desuso la práctica sistemática de la amigdalectomía y se reserva para indicaciones muy concretas.

    B) Chancro sifilítico de la amígdala. Úlcera unilateral, de bordes verticales festoneados y base endurecida; frecuentemente seudomembranosa; adenopatía unilateral; ausencia de fiebre o febrícula. El examen ultramicroscópico del exudado y la serología son indispensables. La angina sifilítica por chancro de inoculación se observa en homosexuales y en mujeres que practican coito oral. Puede ser hipertrófica, levantando el pilar anterior y la adenopatía satélite es notable por su tamaño. A veces existe fiebre y puede coincidir con roseola del secundarismo (erupción maculosa en palmas, tronco y mucosas). También puede corresponder al período terciario y no sólo al chancro.

     C) Angina tuberculosa. Algunos admiten que es muy frecuente. Es muy difícil de diagnosticar cuando es primitiva. Afecta la forma ulcerosa, ribeteada de granulaciones amarillentas. La adenopatía persistente en una angina debe inducir a la sospecha de posible tuberculosis. El diagnóstico es, naturalmente, más sencillo cuando se trata de tuberculosos inveterados del pulmón. Pero lo usual es que sea una tuberculosis primaria o postprimaria.

     D) Amigdalitis micósica. No rara. Caracterízase por un punteado blanco, a veces extendido a la faringe, con escasa o nula sintomatología general y local. El diagnóstico seguro lo da sólo el microscopio.

     E) En la analfalipoproteinemia (enfermedad de Tangier) existe un depósito de colesterina en las amígdalas, que cogen un color amarillento. Coexiste hepatoesplenomegalia y opacidad corneal.



  • amigdalitis focal
  • amigdalitis sifilitica
  • amigdalitis unilateral cronica
  • amigdalitis ulcerosa

  • amigdalitis septica

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